Cuando los hombres eran dioses...
General
Corría el año 427 A.C. cuando tuvo lugar una de esas historias llenas de épica, dignas de figurar en una epopeya. La ciudad-estado de Atenas, al frente de la Liga de Delos, llevaba cuatro años en guerra contra la Liga del Peloponeso liderada por Esparta. Mitilene, ciudad situada en la isla de Lesbos y encuadrada en la Liga de Delos, se rebeló contra Atenas, alineándose con Esparta. La flota ateniense se dirigió a la ciudad rebelde, y aunque ésta había solicitado la ayuda de Esparta, dicha ayuda no llegó a tiempo y la revuelta fue aplacada. Surgió entonces un debate en la Ekklesia (la asamblea ateniense) sobre qué medida de castigo tomar contra los rebeldes. En dicho debate, Cleón -carismático estratego y gran orador- defendió ante la asamblea la adopción de medidas ejemplarizantes, consistentes en el exterminio de todos los hombres de Mitilene y el sometimiento como esclavos de mujeres y niños. Esta medida fue adoptada por la asamblea, y se envió a un trirreme (un barco de guerra) para ejecutarla. Sin embargo, una represalia de este calibre contó con la oposición de una parte de la asamblea por considerarla excesiva. Estos miembros -encabezados por Diodoto- lograron que al día siguiente la medida se revocara en parte en una nueva reunión, y que sólo fueran castigados los líderes de la revuelta. No obstante, el trirreme encargado de ejecutar la orden ya estaba en camino, por lo que fue necesario enviar un nuevo trirreme para alcanzar al primero, y evitar así el exterminio total de los habitantes. La misión era extremadamente difícil, dada la ventaja de un día que el primer barco tenía; por ello, se organizaron turnos de remeros para que, remando sin pausa alguna durante toda la travesía, dieran alcance al primer trirreme, cosa que finamente sucedió.
Merece la pena analizar cuantitativamente lo que esta persecución marítima supuso. Un trirreme ateniense era un barco de 35m de eslora y 5m de manga, propulsado por 170 remeros. De acuerdo con los modelos que se han hecho de estos barcos, se estima que eran capaces de alcanzar una velocidad sostenida de 7 nudos, con picos de 11.5 nudos. Dado que la isla de Lesbos está situada a unos 340 km (183.6 millas náuticas) de Atenas, esto supone que son necesarias poco más de 26 horas de propulsión para hacer el recorrido. Por supuesto, hay que tener en cuenta el descanso de los remeros. Si por ejemplo se asume que la jornada efectiva de remo era de unas 14 horas, el tiempo total del viaje podía rondar 1 día y 21 horas. Dado que el primer trirreme tenía un día de ventaja, el segundo tenía como máximo esas 21 horas para hacer todo el recorrido sin parar de remar. Esto significa que la velocidad media que tuvo que mantener esta segunda embarcación es de unos 8.75 nudos. Esta velocidad puede verse reducida a 7.65 nudos si asumimos que el primer trirreme tardo dos días completos en hacer el recorrido.

Lo realmente interesante de la historia es apreciar la proeza que para los remeros del segundo trirreme supuso esta persecución.
en el que se aborda esta cuestión. Usando los modelos actuales de cómo eran los trirremes, y estudiando desde un punto de vista fisiológico el esfuerzo desarrollado por los remeros de estas embarcaciones se llega a una conclusión sorprendente: esta prueba supone un desafío incluso para los deportistas de alta competición actuales. Las explicaciones pueden ser varias. Asumiendo en principio que los hechos -bien reflejados en las crónicas de la época- transcurrieron tal como se conocen, podría pensarse (1) que las condiciones de navegación en aquellos días concretos perjudicaran a la primera embarcación, y favorecieran a la segunda, (2) que los modelos que tenemos de los trirremes no sean ajustados a la realidad, y (3) que los hombres de la época estaban en excepcional forma física. En relación a esto último hay que tener en cuenta además que los remeros de los trirremes no eran esclavos, sino hombre libres (aunque por lo general muy pobres). Además de la paga, y de la propia supervivencia, estos remeros tenían por lo tanto una tercera motivación: la defensa de su ciudad y de sus habitantes. El plus de motivación que esta última consideración proporcionaba no es nada desdeñable.
Dejando de lado de momento el punto (1) sobre la base de que sería extraño (aunque no descartable) que se hubiese fletado un segundo trirreme sin posibilidades de éxito más allá de un cambio en las condiciones de navegación, habrá que concluir que o bien las embarcaciones de hace 25 siglos aún guardan secretos importantes para nosotros, o bien que sencillamente aquella gente estaba hecha de otra pasta. En un momento como el actual en el que el deporte de alta competición está -en según qué disciplinas- tan relacionado con la química ultramoderna, esta última imagen da al menos que pensar.
Permalink: http://www.mononeurona.org/users/entry/vendaval/1215
Comentblogs:










