La Viena de Wittgenstein
Literatura
Hace 2,400 años la ciudad-estado de Atenas, con apenas 100 mil habitantes y unos pocos kilómetros cuadrados marcó toda la ruta del mundo occidental, en la Atenas clásica se podía encontrar a Platón, Aristóteles, el escultor Fidias, Eurípides, Aristarco, Diógenes y Pericles.
1900 años después una concentración de ese tipo se dió en la ciudad de Florencia con Leonardo, Galileo, Miguel Angel, Maquiavelo, Rafael y Donatello.
La Viena de principios del siglo XX puede presumir de estar dentro del selecto club de ciudades-faro. Mientras Gustav Mahler dirigía la ópera imperial y componía su "Titán", el médico Billroth inauguraba la cirugía moderna, mientras los arquitectos Loos y Grompius lanzaban la escuela Bauhaus, a pocas cuadras el psiquiatra Sigmund Freud daba consultas en las mañanas y en la tarde escribía "El malestar en la cultura". Gustav Klimt y Oskar Kokoshcka daban forma al expresionismo alemán en la pintura mientras el autor Robert Musil escribía su novela "El hombre sin atributos". Hertz y Boltzmman brillaban en la física.
La Viena de Wittgenstein de Allan Janik y Stephen Toulmin nos lleva a conocer esa ciudad genial e hipócrita que fue la Viena imperial pocos años antes de la primera guerra mundial. Esa Viena que Musil llamó Kakania (Fecalandia) y que fue el ambiente donde creció y se formó el genio de Wittgenstein, en ese entonces, un adolescente, miembro de una de las más ricas familias de Europa.
La Viena y su constante preocupación: el lenguaje y su intepretación como problema esencial de la filosofía, el lenguaje como fuente de verdad y de mentira en la vida, en el arte y en el saber. Este es de los libros esenciales que no debe faltar en una biblioteca.
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