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Agora
La felicidad

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Son los primeros días de marzo, durante las semanas anteriores el frío se ha negado tercamente a marcharse, pero ahora, por fin, se ha ido de mala gana. Uno de los errores de la civilización, —un error judío—, fue dejar de adorar a Ra, a Huitzilopochtli, a Helios, para adorar a un triste dios abstracto. ¡Ha sido el primer día caluroso del año! He desenterrado mis bermudas del fondo de un cajón y me las he calzado no sin cierta ceremonia. La bermuda es la prenda de la civilización por excelencia. Alejandro conquisto Persia en bermudas lo mismo que César las Galias y el Egipto, y hasta Aristóteles era famoso por la pulcritud de sus bien planchadas bermudas. Los pantalones largos (ese solecismo textil) son una prenda fea, antihigiénica y gris, un invento inglés.

Estoy viendo caer una tarde cristalina y solitaria. Son las siete menos cuarto, Satie, —ese tardío hijo de Chopin—, deja gotear cortadas notas anaranjadas. Frente a mi ventana veo, como todos los días a esta misma hora, el lento desfile de autos peleando cada centímetro de frustración. Al parecer, el mexicano está firmemente convencido de que la velocidad de desplazamiento de su auto es directamente proporcional al número de claxonazos emitidos por minuto. Veo a toda esa gente y su desesperación por no avanzar y recuerdo aquel emperador romano que asigno a un esclavo la exclusiva labor de susurrarle de tanto en tanto al oído memento mori, "recuerda que morirás". Ahora el emperador es perdido polvo.

Y es que no hay que negarse, —por humilde o limitada que sea nuestra posición—, a las grandes reflexiones. Estoy fastidiado de los libros de filosofía que comienzan con "...imagínese una naranja, aspira su olor, la pesa en su mano..." ó el otro libro de filosfía de la ética que inicia con "...si yo hurtara un jitomate del supermercado, la ética del acto sería ...", esa filosofía es mezquina. Antes, cuando los hombres eran hombres, los filósofos filosofaban en términos del universo entero, y no me refiero al sentido figurado, sino que realmente filosofaban con el sol y la tierra y todos los astros y no con naranjas y jitomates.

Más, tras la reflexión que se produce al ver todos esos autos y al mismo tiempo evocar la insignificante brevedad de la existencia de sus ocupantes, el tema que surge, es el de la felicidad. Este tema ha sido ampliamente ignorado por todos los grandes pensadores, ya sea que estos sean filósofos o científicos. Esto es debido —quizás—, porque bajo la influencia romántica que aún nos domina, escribir sobre la felicidad era considerado cosa de blandengues, ¡el hombre viril viene al mundo a sufrir! También el cristianismo es responsable de esta negligencia hacia la felicidad, para el cristiano, el sufrimiento purifica y eleva el espiritu, mientras la felicidad (identificada con la riqueza) hace a los hombres tristes y vacíos.

En general cuando se aborda se le asigna otro nombre, para disfrazar las apariencias: los psicólogos existencialistas le llaman, "el sentido de la vida", los antropólogos de habla inglesa se refieren a ella como well-being. Algunos filósofos como Carlyle aseguraban que la felicidad era algo deleznable, ya que el fin de la vida, era la beatitud, impregnada de cierto aire militar. Para Schopenhauer, el hombre es infeliz porque es manejado por la voluntad, ciega y sentido, la cual utiliza al hombre como una herramienta para perpetuarse para después arrojarlo a la muerte. Esta idea de una voluntad sin sentido obsesionó al psicólogo suizo Jung, en parte porque al ser incomprensibles las fuerzas primigenias, el psicoanálisis era ocioso, en parte porque él mismo era un gran neurótico y le obsesionaba que su sufrimiento fuera gratuito. Nietzche llamó "tonto" a Stuart Mill por asegurar que el fin de la vida era ser feliz, pare él, el fin de la existencia era vivir, con alma de poeta, la tragedia heróica que se desprendía de la lucha violenta por el poder. No estoy de acuerdo conNietzche , pero es fuerza reconocer que en la exposición de sus ideas despliega una coherencia lógica notable. El único argumento que puedo idear contra su ética es que siempre habría alguien luchando al igual que nosotros, lo cual haría la vida predecible, tediosa y muy probablemente, breve.

Más, no son las opiniones de los filósofos de lo que desearía hablar aquí, me gustaría en cambio, revisar en términos prácticos lo que para el ciudadano común significa la felicidad y los obstáculos que encuentra para llegar a ella.

Es una cuestión inquietante y paradójica la situación actual del mundo con respecto a la felicidad. Es una verdad de perogrullo que todas las personas desean ser felices. Basta echar una ojeada a la lista de Best-sellers de Sanborn's para darse cuenta de la importancia que la búsqueda de la felicidad tiene en la vida de toda la gente. La situación es paradójica porque, —hablando de manera  general —, en nuestra época debería se ser más sencillo lograr la felicidad que en cualquier época anterior de este mundo.

En el siglo VIII, los campesinos de Europa realizaban doce horas de trabajo tedioso y extenuante todos los días. El alimento era escaso y monótono y en ocasiones, no lo había en lo absoluto. La más ligera infección ponía en peligro la vida, las camas estaban infestadas de pulgas y las cabezas de piojos. Violentos trupos armados atacabanregularmente los pueblos, matando y destruyendo cuanto podían en su pillaje. Bajo esas condiciones llegar a los cuarenta años era un hecho ponderable.

Doce siglos después la situación ha cambiado enormemente, por lo menos para las personas que habitan las grandes ciudades. La seguridad personal, la salud, el alimento y el cobijo han dejado de ser preocupaciones apremiantes. Un moderno ciudadano promedio prueba más platillos en una semana que un duque renacentista en toda su vida. Si pudiésemos hacer viajar en el tiempo a una de esas familias del siglo VIII y les asignásemos modestos empleos como conserjes de hotel serían las personas más felices del planeta, pero quizás los descendientes de esa familia empezarían a mostrar la insatisfacción e infelicidad típicas de nuestro tiempo. Esto comprueba que, a pesar de lo que los genetistas nos dicen, la felicidad o infelicidad de un individuo está establecida por el entorno social donde se desarrolla su personalidad. Los alemanes tienen una palabra welschantaunng, término de difícil traducción que quiere decir algo así como "visión personal del mundo", la visión y evaluación que cada individuo posee de su existencia. Lo de visión personal, por supuesto, es relativo, pues ninguna visión del mundo es totalmente personal, en el sentido de que un árbol no crece con las raíces en el aire. Así pues, la felicidad se construye en la relación entre el individuo y su grupo, en la paideia donde el sujeto está inmerso. Dicho de otra manera, la felicidad es la evaluación personal que cada quien hace de sus expectativas y sus logros. ¡Qué terrenos tan hondos ya pisamos!

Porque la construcción de expectativas es tema amplio y complejo. Miró a mi perra Frida, esta tarde hemos ido de paseo con otros perros vecinos, el paseo se ha tomado sus tres buenas horas, muchos ladridos y discretas olfaturas de rabos, luego ha comido un gran plato de pollo y croquetas, dormitó bajo un tibio rayo del Sol (ella también lo adora a su manera), ahora la veo en su colchoneta de algodón mirando la tarde, toda felicidad. Todas sus expectativas de un buen día se han cumplido, es feliz, se ve en su gesto regio y sereno como diciendo "si, la vida es buena". Ah si los hombres fuésemos tan elementales. Porque el hombre es un simio con lenguaje, y el lenguaje nos aparta del mundo, y no importa cuan bien comidos, bebidos y ejercitados estemos, siempre nos contaminos con la idea de que podríamos estar mejor: quizás en la playa, quizás en un auto nuevo, quizás con una esposa más bella. La insatisfacción siempre encuentra la manera de encontrar una rendija por la cual colarse y hecharnos a perder el momento. 

Pero no en todas las personas es asi, aquellos que han sobrevivido un accidente de aviación o ferroviario, los que se han curado de cáncer, los que han sido secuestrados y en general aquellos que han pasado por una experiencia en la cual su muerte era inminente, parecen no sólo desarollar una inmunidad hacia la insatisfacción sino una facilidad a la felicidad. Alfred Tomzack, sobreviviente de un cáncer cerebral  comenta: "Con la enfermedad mi personalidad cambio, ya no doy por sentado que mañana voy  a estar aquí, perdí la inocencia sobre el mundo, pero gané en profundidad y ahora me invade continuamente un sentimiento abstracto de gratitud. Trato de pasarmela bien y hacer lo que me gusta".    

Pareciese que estas personas se han "desenganchado" de la inercia social que haste ese momento regia sus vidas. Son más conscientes de los motivos que subyacen a sus deseos. Ellos han aprendido, de una manera muy ruda, a dimensionar de una manera más racional, lo que la gente llama "éxito" y "fracaso". Grandes hombres ha producido este encuentro con el que somos y el que debemos ser. Quizás más que un psicoanálisis lo que mucha gente requiere es un socioanálisis, una reflexión consciente de su actividad y de la formación de sus expectativas. Buda, Gandhi, Cristo, Russell, Sócrates, Rousseau, Voltaire, Tolstoi y Emerson son algunos de los nombres que viene a mi memoria al pensar sobre esto. Y en verdad que todo gran hombre ha sido marcado, en mayor o menor medida, por estas preguntas: "¿porqué deseo lo que deseo?" y "¿acaso este deseo es lo mejor".

Estas preguntas acarrean, en el correcto tren de ideas, la siguiente  "¿qué soy?". Los jóvenes de ahora no son como los de antes, han crecido sumergidos en la ciencia, luz de nuestro mundo. Han crecido viendo Discovery Channel y con un ratón de computadora entre los dedos, comunicarse con una amigo a cinco mil kilómetros de distancia, en otro continente, es tan cotidiano y aburrido como una piedra. No temen al hambre o la enfermedad, sólo temen, al parecer, al tedio. Estos jóvenes se responden "sólo somos un grupo de moléculas organizadas de cierta manera, la historia de una accidentada evolución, un simio con signos en un pedazo de lodo que flota en un gigantesco espacio que lo ignora, al parecer no hay ningún dios y la muerte, al suceder, es definitiva"

Y quizás el lector suponga que estas palabras son dichas usando una voz desencantada, usando un tono lastimero y medroso, pero yo le aseguro que se equivoca. Estas ideas son expuestas con alegría y alivio, nos hemos mirado el rostro en el espejo, ¡estamos en paz hermanos! ¿Qué somos algo efímero? pues que mejor!, ¿qué somos unos simios?, pues seamos simios y tan contentos. Quizás mi sueño de que las personas reflexionarán mas cerca de sus motivos nunca sea alcanzado, y siempre viviremos en una civilización de oficinista amargados que sueñan en comprarse un auto nuevo para sentirse superior a su vecino. Por lo pronto, veo a Frida dormida, moviendo las patas, quizás en su sueño persigue un conejo:

Creo que podría transformarme y vivir
con los animales, ¡son tan tranquilos y mesurados!

Me complace observarlos largamente.

No se afanan no se quejan de su suerte.

No se despiertan en la noche con el remordimiento
de sus culpas.

No me aburren discutiendo sus deberes para con Dios.

Ninguno está descontento, a ninguno lo enloquece
la manía de poseer cosas.

Ninguno venera a los otros, ni a su especie, que
cuenta miles de años de existencia.

Ninguno es respetable ni desdichado
en toda la ancha tierra.


Última actualización: 2007-04-29 10:57:00-05



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