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Literatura
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Poesía

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Señorita Cocodrilo

A la orilla de este río estrellado y lúcido,
me pregunto, que azar cruel me privo del placer de buscarte
por las aguas lodosas,
e invitarte a un apareamiento definitivo y viscoso.
En la plenitud alijada de tu espalda, encontraría quizás ese fin,
que busco y que me busca. Dulce carne de tapir te ofrendaría,
para dejarme recostar a tu lado.
En el pasado plural de un planeta,
recordaríamos el lento amor de los saurópodos en el alba,
el cholleopteryx y la primera danza. Y todos esos millones de años
tuvieron que pasar para que esta noche, tu y yo nos encontraramos.


En una tienda de Zara

Me escondo detrás de la espuma de un capuchino que no quiero.
Me escondo detrás de un ejercicio coreográfico de ademanes comunes.
Me escondo detrás de la suposición de un domingo homogéneo y monótono.
A través del cristal te observo. Anómalos maniquíes franquean el nacimiento
y la muerte de un principio de reflexión sociológica. Porqué no decir sencillamente que me gustas.
Tu uniforme gris apenas se refleja en la madera laminada.
Hay un espejo en cada ángulo,
y una confirmación pegajosa en cada cliente.
En ellos veo el futuro de una diosa aburrida.
En la luz anaranjada de la tarde te imagino usando un peplo blanco y amarillo,
rodeada de olivos.
¿También te aburrirías ahí?


El Bienaventurado

Un cristal de olvidos, eso es la tarde.
Hay una pausa, que quiere no quedarse.
Hay una banqueta fracturada y una (ena)morada jaranda.
Aquí vivía Alfonso Reyes.
Bajo este árbol abré pasado tantas veces.
Hay un pasado, que ya comienza a ser generoso.
Hay un principio de respeto, ante ese laborioso vampiro,
el tiempo.
Hay una terca ternura que juega a ser abstracta.
Hay la certeza feliz de la vida.


El plan

Ahora lo puedo recordar sin amargura.
Tú me dijiste, «no es justo, tú has sido tan paciente... pero él»
Recuerdo una falda verde, la maleta, hubo algunos empujones,
a esa edad nadie sabe ser generoso.
Lo vi sólo una vez, en una casa de Tacubaya (conozco la calle y el número precisos).
Era alto, de cabello rojo.
Hablamos de Chapultepec, de Díaz, de Gutiérrez Nájera, me dibujo en una servilleta como podría volverse a inundar la ciudad, un ferri nos uniría con Texcoco.
Hablo de viabilidad, de dragaminas, de amortizaciones.
Ayer, tangencialmente, me dijeron que había muerto en San Francisco.
En la noche me detuve frente a la casa, ahora convertida en oficinas.
Recordé la servilleta y el calculado regreso de las aguas, y con ellas
nuestros dioses muertos. Pensé que quizás el placer de soñar y planear
obras es más intenso que el hecho de trabajar en ellas.
Quizás Dios soñó un universo perfecto,
pero jamás se ha rebajado al acto vulgar de realizarlo.

Los Conjurados

En un pequeño departamento de Montreál, en una universidad argentina, junto a la reja de Tijuana, en una playa de Camberra, hay hombres y mujeres que están conjurando.

Son personas de todas las razas, que hablan todos los idiomas y practican diversas religiones. Han tomado la extraña resolución de ser razonables. Han decidido aprender y compartir practicando la generosidad y el anonimato, sin esperar dinero o aplausos. Acaso porque todos necesitamos utopías, acaso porque han recordado una promesa tan antigüa como la amistad.

Han decidido olvidar sus diferencias y soñar y trabajar para darle vida a una criatura que será la primera de muchas, la primera de todos. Son los hijos de nuestra madre negra, la mujer que hace 100,000 años dejo África con una cria en su regazo (esa cría somos nosotros).

Los Conjurados (desvelados y felices) trabajan y tejen su sueño con geometría delicada.

Son Pitágoras, Platón, Copérnico y Leonardo. Pero tambien son Gandhi, Cristo, Buda y Confucio.

La conjura fue lanzada por un joven nórdico en Helsinky y data de 1991. En Santiago, Chicago, Seúl o Viena, y en todas las ciudades del orbe hay hombres pacíficos, laboriosos y lúcidos que están levantando una columna de humanidad y de firme fé. Fueron unos cientos, ahora somos millones.

Mañana serán todo el planeta.
Acaso lo que digo no es verdadero; ojalá sea profético.







Última actualización: 2007-04-29 10:57:00-05



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