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Psicologia \ Sexualidad y Discapacidad Este artículo ha sido consultado en 1,404 ocasiones. Integración y sexualidad de las personas con discapacidad Magdalena Rodríguez de la Vega La sexualidad de las personas con discapacidad ha sido siempre un tema polémico que durante años ha preocupado a sus familias y a los profesionales que se dedican a trabajar en el campo de la rehabilitación y la educación especial. En las últimas décadas ha sido objeto de estudio, reflexión y discusión en diversos foros académicos y de investigación promovidos principalmente en América del Norte y Europa y tema de consulta recurrente para los profesionales en la escuela por parte de sus familias. Pese a que existe consenso sobre la conveniencia y posibilidad de una educación sexual como elemento indispensable de cualquier programa de intervención, las actitudes de marginación por parte de la comunidad ante la sexualidad de las personas con discapacidad están estrechamente relacionadas con las formas como se concibe la discapacidad por un lado, y a la sexualidad por el otro, es decir, un tabú sobre otro. Estas formas de marginación son diferentes dependiendo del tipo de discapacidad y el momento en que aparece en la vida de una persona. En nuestra experiencia, las formas de discriminación más graves se localizan en los sujetos con discapacidad intelectual y aquéllos que presentan trastornos neuromotores, es decir, los que en opinión de los especialistas tienen escasas posibilidades de una vida independiente, en tanto que los trastornos visuales y auditivos parecen tener menores restricciones en el ejercicio de su vida erótica. Entre más temprano aparezca el diagnóstico de discapacidad, el desarrollo de estas personas se ve más obstaculizado, su marginación más acentuada, pues intervienen poco o nada en las decisiones que se toman exteriormente en relación a su vida y a la solución de sus necesidades y deseos. Los prejuicios relacionados con su sexualidad oscilan en los extremos de creer que por su condición no presentan necesidades de afecto y vida sexual, "son como niños", o que su sexualidad está exacerbada "no tienen control". Tradicionalmente las posturas de centros educativos y familias respecto de las posibilidades de participación de las personas con discapacidad en el terreno social, escolar, laboral, sexual, etcétera, han estado vinculadas con una concepción del sujeto centrada en el déficit producido por causas orgánicas difícilmente modificables, innatas e incurables. Esta concepción del sujeto con discapacidad ha tenido consecuencias importantes en su desarrollo integral y su vida sexual. Desde el momento en que los padres y educadores reciben el diagnóstico temprano del niño como "discapacitado", con sus actitudes y acciones empiezan a tender un cerco que lo aísla de la interacción social que todo sujeto necesita para construir las normas que aseguran su integración a la sociedad. Tomemos en consideración que todos nuestros intercambios sociales ocurren entre sujetos sexuados cuyas conductas se encuentran reguladas por normas, costumbres y valores morales que determinan las formas permitidas de relación en los diferentes escenarios sociales donde aprendemos a interpretar roles de padres, esposas, hijos o hijas, maestros, amigos, novios. Estos roles se aprenden a través de un largo proceso de socialización iniciado en la familia, reforzado en la escuela, y en la comunidad donde la persona va asimilando de una manera inconsciente las expectativas sociales y los valores referidos a su estatus como hombre o mujer. Las personas con discapacidad presentan dificultades para asimilar y desarrollar las pautas de comportamiento y las fórmulas convencionales para la convivencia debido fundamentalmente a las escasas oportunidades que tienen para interactuar socialmente. Por otro lado, la concepción de sexualidad ligada directamente a la idea de genitalidad y procreación genera temor ante la amenaza de que la sexualidad activa de las personas con discapacidad dé lugar a un mayor número de niños con necesidades especiales y mueve incluso a sectores progresistas de la comunidad a limitar su derecho a experimentar o demostrar sus necesidades básicas de relación y afecto en el terreno sexual. Las restricciones que se imponen al derecho de los individuos de ser dueños de su vida sexual se apoyan en calificaciones de su grado de déficit y en predicciones sobre su capacidad o incapacidad para ser social y laboralmente productivos y para manejar adecuadamente sus relaciones de pareja. La respuesta de la comunidad ante estas conductas son la estigmatización, el rechazo y el aislamiento que dificultan significativamente sus posibilidades de integración a un ambiente escolar y/o sociolaboral. Ante las preguntas de si la sexualidad de las personas con discapacidad es diferente de la sexualidad de los llamados normales, los expertos establecen que no existe diferencia alguna en cuanto al origen, constitución y desarrollo de su sexualidad; ésta se constituye y desarrolla respetando los mismos principios que en cualquier persona con la salvedad de que por las características particulares de su desarrollo, y las condiciones que dificultan su proceso de socialización, tienden a manifestar en ocasiones comportamientos que refuerzan la creencia de que su sexualidad es viciosa o patológica y de que son incapaces de lograr una autonomía en este terreno. El proceso de integración de las personas con discapacidad ha sido difícil y tortuoso por las barreras morales y prejuicios que deben abatirse para lograr su inserción a la sociedad. La integración educativa ha sido un avance en ese sentido, al declarar su derecho a recibir la misma educación, en las mismas escuelas, experimentando el mismo proceso de socialización que sus pares. Por consecuencia tienen el derecho a recibir la misma educación para su vida amorosa y sexual. El problema de la educación sexual que podemos ofrecerles no se centra ya en el déficit sino en la planificación de los recursos disponibles para asegurarle un aprendizaje en la medida de sus posibilidades. Uno de estos recursos, muy importante, es la misma comunidad que estimula y retroalimenta su comportamiento. La convivencia con un mundo del que ahora está separado le puede brindar una rica gama de experiencias y oportunidades de reflexión en torno a los problemas propios de la interacción humana. Es en ese mundo donde debe aprender a construir vías para satisfacer sus impulsos y sus necesidades afectivas sin ponerse en conflicto con el orden social El papel tan determinante que jugamos en este proceso los profesionales de educación especial, los padres de familia y la comunidad para elevar la calidad de vida de las personas con discapacidad debe llevarnos a reflexionar sobre la necesidad de cambiar las concepciones, acciones y expectativas que han mantenido a las personas con discapacidad como simples espectadores de un mundo en el que también tienen derecho a participar. La escuela y la familia son los lugares donde estos "problemas sexuales" pueden ser aprovechados como oportunidades para que a partir de la reflexión y el análisis entre niños y adultos puedan construirse soluciones pedagógicas que tiendan al logro de la autonomía de los educandos y por ende a facilitar el logro de los objetivos de integración. Para ello se necesita una reconceptualización de la educación, del papel del maestro, de la función de la escuela y sus formas de organización, de la forma como entendemos la educación especial y la atención que estos niños y sus familias requieren. Para ello es importante revisar de una manera más profunda los siguientes temas: "La sexualidad de las personas con necesidades educativas especiales", es decir, la problemática referida a la vida sexual de los sujetos con "déficit", las repercusiones que tiene sobre su desarrollo y su autoimagen la forma tradicional de concebir al sujeto desde una perspectiva clínica y psicométrica, y la necesidad de reconceptualizarlo desde el campo educativo para favorecer su proceso de integración. "Sexualidad y Familia del sujeto con necesidades educativas especiales" para conocer de manera general las actitudes que asumen los miembros de la familia ante la llegada de un niño "disminuído", las consecuencias que esto acarrea para su proceso de socialización y las dificultades que la familia enfrenta en el manejo de su sexualidad. "Los educadores frente a la sexualidad de los sujetos con necesidades educativo especiales", para establecer una discusión sobre las diferentes postura que asumen los educadores ante las posibilidades de expresión sexual de estas personas, así como los fines que se proponen para su educación sexual y los principios éticos en los que ésta se debe inspirar. "Normalización, Integración y Educación Sexual", tema relacionado con las políticas nacionales e internacionales de integración, que evidencian la necesidad de replantear a la educación especial y modificar las concepciones tradicionales que han reforzado una cultura segregacionista. La educación sexual tendría que contextualizarse en este marco. Psic. Magdalena Rodríguez de la Vega Última actualización: 2007-04-29 10:57:00-05 |
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