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Agora \ Lula, en tierra de nadie Este artículo ha sido consultado en 391 ocasiones. Un fantasma recorre el mundo.... mmm quizás fue un buen comienzo, pero la verdad es que Luiz Inacio Dasilva, con su figura rolliza y su amplia sonrisa, no se parece en lo absoluto a un fantasma. Lo que es cierto es que entre muchos provoca temor, el periodista Andres Oppenheimer francamente lo aborrece. Desde el inició de su gestión como presidente del país más poderoso de Latinoamérica Lula recorre el mundo con un sutil pero insistente mensaje que tiene aterrados a los centros mundiales de poder. Lula va a Rusia, a la India a China, provocadoramente hace una visita oficial a Libia y Siria. Lula quiere crear una fuerza de conjunto que enfrente a la marejada globalizadora cuyos mensajes centraloes son "sólo existe un modelo económico: el neoliberal", y "sólo existe un tipo de derechos humanos: los electorales". Lula reta a las grandes farmacéuticas, amenaza con no pagar patentes. Se niega a comprar armas para un país sin enemigos, donde lo que urge son carreteras y servidores de internet. Lula es quizás el presidente que más ha viajado en la historia de Brasil y tiene buenas razones para ello. Sabe que nadie, por si sólo, puede enfrentar el horror económico que amenaza al mundo y a su pueblo. Con discreción Lula teje y desteje su mensaje. Las palabras cambian de sentido y de peso según la situación geográfica. Desea obviar las diferencias y acrecentar las afinidades. India, Rusia, Sudáfrica, China son países en desarrollo que comparten el mismo interés que Brasil por colocarse en una posición de excepción frente a las grandes potencias. Quieren ser aliados y no patios traseros, desean platicar en términos de igualdad y no de subordinación. Desean integrarse a la globalización pero con una probabilidad verosímil de éxito. Esta Alianza Emergente quiere fomentar el libre mercado, pero no entregarle la conducción de sus economías al Fondo Monetario Internacional. El presidente de Brasil ha tenido la visión en buscar un bloque de unidad, no con sus débiles vecinos sudamericanos, sino con naciones que poseen un peso geopolítico similar en importancia al brasileño, es decir, países con la suficiente relevancia como para que sus voces sean escuchadas en la antesala del bravucón rey. Para tener éxito en su empresa el presidente Lula tiene tres problemas que enfrentar:
Lula debe ocuparse en que la población brasileña lo perciba a él y a su gobierno como enterados y al tanto de las prioridades brasileñas. En este sentido el rol del gabinete Lulaísta es fundamental para adelantarse a las crisis políticas y sociales de Brasil. El secretario de gobernación de México, Santiago Creel, podría darles algunos valiosos tips sobre como no deben manejar los asuntos internos. El segundo punto sólo puede abordarse hasta que exista cierta unidad en el grupo de países que conformas las potencias de segundo orden, pues el Brasil de Lula no posee la fuerza como para hacer una declaración unilateral. Aún incluso con el grupo unido las “observaciones incómodas” de las negociaciones no podrán hacerse de manera frontal. En lugar de ello deberán ser disfrazadas. Una forma de hacer esto sería crear una organismo mundial independiente que evaluará el impacto de políticas y planes económicos globales y regionales. Este organismo deberá poseer una gran credibilidad y transparencia frente a la población mundial. Esto nos lleva al tercer punto, probablemente el más difícil. Los miembros del grupos deben su fuerza relativa a diferentes factores, algunos por su capacidad militar, otros por su pasado colonial, por su mero tamaño o por una mezcla de todo ello. Pero junto a estas diferencias existe, en principio, ciertas ventajas, sobre todo las distancias geográficas, pues con la notable excepción de Rusia y China, ningún país estorba al otro en su región. Por supuesto, —y como el lector habrá anticipado— existe un factor aglutinante fundamental, el resquemor hacia los Estados Unidos. Europa no es tan amenazante pues también se le percibe subordinada. Y es cierto, la vergonzosa sumisión inglesa a los interéses americanos hace posible que EU posea una cuña (con voz, voto y acción) en el mismo corazón europeo. La alianza emergente podría aprovechar la división occidental para ganar peso. Con frecuencia se señala que no hay nada más fuerte que EU, pero en realidad, un grupo unido podría hacer virar la política americana, sobre todo si se concreta una identificación de la población civil con los reclamos de las potencias emergentes. Con respecto a esta última observación, surgen serios problemas. Me refiero, sobre todo, a la presencia de China, —una violadora masiva de los derechos humanos—, la cual llenaría de desprestigio al grupo negociador y le quitaría fuerza. Sin embargo, es difícil pensar en un bloque fuerte si China está ausente. Última actualización: 2007-04-29 10:57:00-05 |
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