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El ocio y las hormigas

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Para el hombre sin educación el ocio es una maldición.
Schopenhauer

El verbo castellano «Trabajo» deriva del latín vulgar tripalium (tres palos), el cual era un instrumento de tortura usado por los romanos para convencer a sus esclavos de la bondades del trabajo duro. La derivación etimológica parece adecuada, si nos atenemos a la concepción actual que se tiene sobre el trabajo. En alguna ocasión, ?al encontrarme en una reunión donde prácticamente todos me eran desconocidos?, surgió el importante y filosófico tema sobre las cosas importantes de la vida. Alguien dijo que lo más importante era su pareja, otra que la seguridad económica, otro dijo que sus viajes. Al llegar mi turno acerté a decir que lo más importante en mi vida era mi trabajo. Todos me miraron con unánime incredulidad. Ahora entiendo que el malentendido se debió a un error de palabras, yo no me refería a lo que ellos llaman empleo. El empleo es algo horrible, no tiene nada de digno ni de edificante y es fácil entender el porque la mayoría de la gente juega con tanta insistencia a la loteria semana tras semana: los motiva el poderoso anhelo de no volver a trabajar por el resto de sus días. A lo que me refería con trabajo en esa ocasión era a aquella actividad en la que uno encuentra, al realizarla, un placer en si misma que esta más allá de la paga. Al mismo tiempo, mientras llevamos a cabo esta actividad, contemplamos con satisfacción como nuestras propia creatividad se desarrolla y toma nuevos rumbos y grados de dificultad. Este placentero ciclo produce verdaderos maestros de la actividad que se trate, utilizo aqui el término maestro en su antiguo y noble sentido renacentista. El francés Marcel Hirart en su ensayo "Civilización y trabajo" hace una diferencia clara entre las miserias del trabajo maquilador y lo que el llama «la obra», el legado de nuestras vidas. "La maquina no nos liberó del trabajo" ? escribe Hirart ? sólo modificó la forma, en lugar de ganar el pan con el sudor de la frente, ahora lo ganamos con nuestras horas de aburrimiento y de tedio".

En general, la opinión que la gente tiene sobre el trabajo, llamado por los economistas empleo, varia ampliamente de persona a persona y de contexto a contexto. Los secretarios de hacienda celebran con efusión cuando hay mucho empleo, pero así mismo existe una conocida canción (no menos efusiva) la cual reza:

...es tan feo trabajar que hasta pagan por hacerlo
que prefiero no comer a seguir en este infierno.
renuncioooo!!!

Nathaniel Hawthorne, el gran escritor estadounidense se refería a su trabajo de inspector de aduanas es estos términos: "He pasado todo el día pesando carbón...a bordo de una negra goletita britanica, en el muelle lúgubre al extremo de la ciudad".. y más adelante, "Cuando sea libre otra vez, gozaré de nuevo de todas las cosas con la fresca sencillez de un niño de cinco años. Seré joven de nuevo!! volveré a nacer".

¿Pero esta esclavitud es realmente necesaria?. Probablemente no. En los países escandinavos y Canadá existen subsidios para las personas desempleadas, de modo que el obsesivo temor por perder el trabajo prácticamente no existe. El resultado es una población mucho más relajada y alegre. Lo curioso de este seguro de desempleo es que no se produce un ejército de holgazanes --como los políticos de derecha argumentarían--, sino que la gente de estos países es mucho más activa, tolerante, culta, participativa y consciente del medio ambiente que la población de otros países menos afortunados y más trabajadores. En Alemania los jóvenes viven hasta los treinta años de becas estatales, después de todo este tiempo de ocio y viajes la población alemana esta llena de pasión y habilidades para hacerse cargo de la producción y generar nuevas patentes tecnológicas y farmacéuticas. En cambio, en México, poseemos unas de las frases más estúpidas que se hallan escuchado jamás, la cuál se enuncia cada vez que vemos a alguien realizando alguna actividad que no consideramos productiva: ?Ya déjate de cosas y ponte a trabajar?, como si la mera acción muscular fuera la solución a todos los problemas.

Cuando eramos pequeños, nuestros padres intentaban fomentar nuestro amor al trabajo y el ahorro contándonos la fábula de la hormiga y la cigarra. Sin embargo, sospecho que no acertaban del todo en su propósito pues para muchos de nosotros la cigarra despertaba amplia simpatía mientras la hormiga nos parecía remilgada y antipática, llena de moralina. Lo único que sacaba en claro de aquella historia era que si yo fuese insecto las cigarras podrían ser buena compañía mientras que intentaría mantenerme alejado de las hormigas, pues tenía el fuerte presentimiento de que podían llegar a ser insectos crueles (después de todo dejaron morir a la cigarra).

En general existen dos tipos de trabajo, los que exigen la acción de los músculos para cambiar el orden de la materia y aquellos en los que las personas poseen cierto conocimiento, el cual les permite modificar símbolos. Los trabajos de minero o jardinero pertenecen a la primera categoría mientras que los químicos o programadores pertenecen a la segunda. Estos últimos empleos se prefieren a los primeros ya que son usualmente los trabajos mejor remunerados, son menos agotadores y acarrean mayor prestigio social. Pero no importa de qué tipo sea el empleo que se tenga uno nunca debería de tomarlos como el eje directivo de su vida. La mayoría de la gente toma demasiado en serio su trabajo, no porque encuentre su trabajo interesante y divertido sino por el temor a la indigencia. El temor a la pérdida del trabajo hace que la gente se vuelva sumisa, nerviosa y aprehensiva. Asimismo, dado que nadie quiere perder su trabajo, las personas trabajan más o crean estrategias para que sus jefes crean que trabajan más o se entregan a tiempo completo a su trabajo con la esperanza de que el gerente los considere indispensables. Durante una temporada trabaje en un banco instalando un servidor. El primer día mis nuevos compañeros me advirtieron de Toñita. Era una subgerente de personal de edad madura que llegaba todos los días a las siete de la mañana, aún cuando su hora de entrada era a las nueve. Todos los días a las 8:59 se colocaba en la puerta de la oficina y dadas las nueve no dejaba entrar a nadie. Para cualquiera que viese el matutino ritual era evidente que Toñita impedía la entrada de los retrasados con un evidente y escasamente disimulado placer. El odio deriva del propio sentimiento de fracaso, el anhelo de las personas infelices es que el resto del mundo también lo sea. Esta es la razón por la cual mucha gente de edad avanzada esgrime verdadero odio hacia los jóvenes, sobre todo si estos últimos parecen ser felices.

El verdadero nombre del empleo debería ser el de ?compromiso social?. Las personas deben estar conscientes que su estancia en el mundo genera gastos y que esos gastos deben ser cubiertos trabajando, pero eso no significa que la gente deba aceptar el dejar sus verdaderas vocaciones durante cuarenta años de su vida a cambio de una actividad en la que no encuentran ningún placer al realizarla. Poseemos la tecnología suficiente como para que las personas no deban de trabajar más de cuatro horas al día, no sólo para cubrir sus gastos sino para producir un excedente que restituya a la sociedad los costos de su crianza y los de su futura pensión. Esto es posible actualmente, pero la sociedad no es lo suficientemente sabia como para llevarlo a la práctica. Es un hecho que el corazón del hombre se amplia a un ritmo mucho más lento del que lo hace su capacidad intelectual; Si en una fábrica de correas para perro en la que trabajan cien empleados, se encuentra la manera de elevar la producción al doble (adquiriendo nueva maquinaria, por ejemplo), aún cuando el mercado de correas de perro este saturado, lo racional sería que el horario de trabajo se redujera a la mitad, dándoles más horas de ocio a los trabajadores. Pero en lugar de ello el patrón despedirá a la mitad de su personal con lo cual tendremos por una parte a cincuenta desempleados y por otra a cincuenta trabajadores exhaustos.

La mayoría de los trabajadores son personas pasivas fuera de sus centros de trabajo, el cine, el fútbol y la televisión son sus mayores fuentes de esparcimiento. La industria informática ha creado los nefastos centros digitales de entretenimiento, donde los fastidiados oficinistas se dejan caer en un sofá para ser ?entretenidos?. La falta de creatividad en las personas se debe a que la gente pasa demasiado tiempo trabajando, de modo que al llegar el fin de semana en lo único que piensan es en meterse en la cama a ver televisión. Si sólo se trabajasen cuatro horas diarias habría más programadores, pintores, escritores, deportistas, poetas y músicos. También habrían más clubes de ajedrez y de campismo. Surgirían, entre la población, personalidades más interesantes y diversas y no existiría este ambiernte social de opiniones únicas engendradas por el noticiero de los diez. Pero para lograr esta meta la sociedad debe, por un lado, organizarse más inteligentemente, y por otro, la educación debería de dejar de fomentar los valores de posesión entre nuestros niños.


Última actualización: 2007-04-29 10:57:00-05



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