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Agora Este artículo ha sido consultado en 467 ocasiones. La burka se ha convertido en una referencia al machismo islámico, al grado de que algunos analistas la comparan con la salvaje costumbre china de deformar los pies de las mujeres, con el fin de acrecentar su valor y su belleza. La burka limita, encierra, degrada y mutila. La —al parecer— infinita capacidad de sufrimiento que la sociedad puede aplicarse a sí misma es una de las cosas que ha sorprendido a todas las personalidades racionales que han desfilado por nuestras siempre primitivas sociedades. Con frecuencia pensamos que los países occidentales, y las semi-occidentales, como las latinoamericanas, estamos mucho más avanzados en materia derechos humanos en general, y de la mujer en particular. Y ciertamente, probablemente estemos en mejor posición, del mismo modo que una mujer que es golpeada cada tres días está en mejor posición que una que lo es cotidianamente. El hecho es que estamos muy lejos de vivir en una sociedad carente de agresividad hacia las mujeres. Desde mi posición de varón —en las discusiones de género no poseo por desgracia otra posición —, coligo que ser mujer en México a principios del siglo XXI debe ser difícil. Mi generación fue la última generación donde estaba mal visto que las mujeres dijeran malas palabras. Ahora una mujer joven que no dice malas palabras es considerada, quizás con razón, ñoña. Cada vez es menor el número de mujeres que desean sacrificar su carrera profesional en pos de una familia. Al acercarse a los treinta años las mujeres están cada vez más presionadas, la presión proviene, mayormente, de otras mujeres mayores, en muchos casos la madre. Una mujer que a los treinta no se ha casado ni tiene hijos siempre sera una perdedora a los ojos de otras muchas mujeres, no importa cuan exitosa sea su vida profesional ni cuan satisfecha se encuentre en su vida personal. Pero no basta alejarse del matrimonio y los hijos para quedar libres de “atavismos trágicos” como decían los jóvenes allá en los 70's. Recientemente en un noticiario de CBS apareció una nota donde se reportaba que una madre le regaló a su hija, como obsequio de su graduación de preparatoria, una operación para agrandar su busto. En la entrevista el cirujano plástico señalaba que las operaciones para modificar la apariencia eran cada vez más frecuentes como regalos de los padres a sus hijos, sobre todo en el caso de las mujeres. Estas operaciones no son operaciones triviales, exigen la anestesia general y tiempos de recuperación que pueden durar semanas. Cada año varias personas mueren en su intento de perder peso por medios quirúrgicos o agrandarse las bubbies. Todo con tal de complacer a un grupo masculino que no las valora más que como deseo momentáneo. Esto no nos debe sorprender, desde hace décadas los padres consideran la ortodoncia indispensable en las mujeres mientras que en los hijos no es tan necesario. ¿Porqué?, porque uno es hombre. No tengo hijos, pero tengo la certeza que tratar a hombres y mujeres por igual al momento de educarlos debe ser una cosa harto difícil. Recientemente en un programa de canal Once se preguntó a los padres si dejarían dormir al novio de su hija de veinte años en la casa. El 78% contestó que no, aún sabiendo que su hija era sexualmente activa. En el caso de los hombres, y como era de esperarse, la proporción de casos permisivos por parte de los padres fue mucho mayor. No todos los estereotipos físicos son condenables, fomentar el ideal de belleza que se acostumbraba en la gracia clasica es recomendable, puesto que se basaba en una idea del cuerpo humano realista, tomado del físico de hombres y mujeres saludables, bien proporcionados, con hábitos de higiene. La cuestión sobre la igualdad entre géneros desemboca, tarde o temprano, en la discusión sobre esencias. En el planteamiento del peso específico de los arquetipos universales en la psique de cada persona. Nuestro cerebro posee una huella de 3,500 millones de años de evolución, es de esperar que existan formas ancestrales que actúen en nuestra manera de actuar y pensar. En general se considera a las mujeres más pacíficas y sociables, son las encargadas de mantener los lazos de grupo y están al tanto de detalles importantes. Los hombres somo mucho más individuales, “generales” y agresivos. A lo mejor y esto es cierto, pero también somo hijos de nuestra época, nuestra sociedad y nuestra cultura, estos elementos nos moldean con mucho más fuerza de la que regularmente estamos dispuestos a aceptar. Última actualización: 2007-04-29 10:57:00-05 |
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