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C. G. Jung

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La psicología analítica de Carl Jung

C.G. Jung

Resumen biográfico

Carl Gustav Jung nació en 1875, en Kessewil, pequeño y conservador poblado ubicado en la zona suiza de habla alemana. La Suiza de finales del siglo XIX, rural y pobre, era muy diferente a la próspera y rica Suiza de ahora. La niñez de Jung estuvo marcada por las carencias económicas por un lado, y los problemas emocionales de sus padres por el otro. Su padre Paul Jung, era un pastor protestante experto en lenguas orientales que se especializó en el estudio del árabe en la universidad alemana de Göttingen. Sin embargo, su precaria situación económica le impidió seguir una carrera académica y le hizo entrar en la iglesia reformada de Suiza, esto agrió en mucho su carácter.

A pesar de una marcada inclinación por el misticismo, Paul Jung abrigaba profundas dudas religiosas. El abuelo de Jung, también llamado Carl, había logrado fama y fortuna como sabio rector de la Universidad de Basel, capital del cantón donde la familia Jung vivía. Había sido recomendado para un puesto de profesor en esa universidad nada menos que por Alexander von Humboldt. A pesar de su erudición y de que algunos de sus poemas lograron perpetuarse en antologías alemanas, el abuelo había sido un hombre excéntrico. En su juventud tomó por mascota a un sonrosado cerdo que lo acompañaba a todas partes, fue un precursor del cuento criminal. Había escandalizado a los burgueses de Basel con sus ideas liberales, de hecho, fue condenado y posteriormente expulsado de Alemania bajo los cargos de demagogia y agitación política. Su afirmación, de que él era un hijo ilegítimo de Goethe, no ayudo a retirar la bruma del escándalo que lo rondaba. El joven Carl Jung, al parecer se sintió siempre identificado con su abuelo: se negó a escribir su nombre con la "K" alemana habitual y secretamente se consideraba, el también, descendiente de Goethe.

Emilie Preiswerk, la madre de Jung, también era hija de un pastor. Su padre, un respetado teólogo, tomó bajo su protección al joven pastor Paul Jung luego de la muerte del padre de éste. Fue en el estudio de Preiswerk, --donde ambos acostumbraban reunirse para examinar y discutir textos hebreos-- el lugar donde Paul y Emilie se conocieron. Dado que no había ningún otro pretendiente y el patriarca de la familia disfrutaba de la compañía de Paul, este conminó a su hija a aceptarlo. La descripción que hace Emilie en su diario de la declaración de amor de Paul, revela el escaso entusiasmo que sentía hacia todo lo que le rodeaba.

Desde niña, Emilie, al igual que otros miembros de su familia, tuvo un interés morboso por todo lo relacionado con fantasma e historias sobrenaturales, con frecuencia veía apariciones y "auras", incluso alguna de sus primas llegó a hablar en un lenguaje desconocido durante una "posesión". A pesar de estas aficiones, Emilie poseía una personalidad esencialmente apática y siempre mostró escaso interés en su apariencia. Sus contemporáneos la describen como una mujer grande, callada y de aspecto torpe. Luego de un gris noviazgo se caso con Paul y ambos fueron a vivir a la pequeña villa de Kessewil. El desencanto no tardo en venir, su rutina era pesada y tediosa. Luego de perder dos hijos, se aisló cada vez más del resto de la gente. Los sermones del domingo, que impartía su esposo, los escuchaba en una silla, apartada de los otros parroquianos. Por fin, en 1875 tuvo un hijo sano, nuestro Carl Gustav. Pero esto no implicó un cambio en Emilie, la cual alcanzó una gordura anormal y acrecentó el número de sus "visiones". Gran parte de la infancia de Jung estuvo marcada por estas historias de muertos que volvían de la tumba y "posesiones" que su madre le relataba repetidas veces. La educación de los niños tampoco pudo salvar al matrimonio de los Jung, el cual termino en un indiferencia recíproca y en cuartos separados.

La vida posterior de Emilie estuvo caracterizada por las crisis de abulia y depresión cada vez más agudas y prolongadas, lo que condujo a que fuese ingresada varias veces en instituciones mentales. Murió en 1923. En su madurez, Jung la recordaría como una mujer obesa, irrasible e ignorante, aunque en el fondo, cariñosa.

Sometido desde muy pequeño a una severa educación clásica constituida por interminables horas de conjugación de verbos en latín y griego, la única fuente de felicidad que el niño Jung tenía a su alcance radicaba en la hermosa naturaleza que lo rodeaba. Buena parte de su infancia y adolescencia transcurrió recorriendo ocultos caminos y escalando los Alpes suizos, siempre en soledad. Siendo aún adolescente comenzó a sufrir un extraño padecimiento que consistía en un debilidad general con mareos y desmayos recurrentes. Su enfermedad lo obligo a abandonar el colegio. Años después llamaría a este enfermedad su "primera neurosis". Recuperado luego de escuchar a su padre referirse a él como un "inútil", regreso al colegio para convertirse en un alumno modelo obteniendo las más altas calificaciones para sorpresa de sus profesores, varios de los cuales lo consideraban un poco retardado. Sin embargo Jung nunca pudo dominar a su más enconadas enemigas: las matemáticas, las cuales siempre aprobó con la calificación mínima.

Terminado el Gymnasium (nombre que en ese entonces se le daba al bachillerato), sólo gracias a una magra beca pudo Jung estudiar medicina en Zürich. El dinero eran tan escaso, que únicamente podía fumar tabaco los domingos y el mismo cepillaba sus ropas, como se acostumbraba hacer en esa época. Sin embargo, su desempeño en la universidad fue sobresaliente, durante días completos se quedaba en su habitación, sin afeitarse, em pijama y comiendo weisswursts, una especie de hot-dog de salchicha blanca. Durante esas largas horas, leía lo mismo a Kraëpelin o Broca que a Kant o Schopenhauer, este último su filósofo favorito. Fueron precisamente sus inquietudes antropológicas las que lo llevarían a especializarse en psiquiatría, luego de concluir los estudios generales de medicina. Al recibirse como psiquiatra en el año de 1900, encontró rápidamente trabajo en la reputada clínica Burghölzli, a las ordenes del famoso psiquiatra Eugen Bleuler, a quien se le debe la acuñación del término esquizofrenia, tan mal usado hoy día por los analistas políticos.

Durante sus primeros años en el Burghölzli, Jung se dedicó al estudio científico de las asociaciones de palabras. Con un cronómetro media el lapso de tiempo que tardaba una persona en emitir una palabra cualquiera al escuchar otra serie de palabras sin ninguna relación entre ellas. Jung se dió cuenta que mientras más tiempo tardaba la respuesta, mayor era la carga afectiva que esa palabra en particular tenía en el sujeto. Por ejemplo, para una madre que había perdido a su bebé pocos meses atrás, las palabras "cuna" o "biberón" eran las que mayor lapso de respuesta poseían, para un hombre que había apostado una cantidad fuerte en el hipódromo, las palabras "caballo" o "meta" eran las que más tardaban en contestarse con otra palabra. Jung fue un pionero de la psicología criminalística al aplicarle su test de asociación de palabras a personas acusadas de algún ilícito. Sus estudios en esta rama de la psicología le dieron cierta fama pues publicó sus resultados en varias revistas europeas.

Con veintiséis años, un trabajo estable y bien pagado, además de una fama incipiente, Jung le propuso matrimonio a la joven y hermosa Emma Rauschenbach, la cual provenía de una de las familias más ricas de Zürich. Inicialmente rechazado, la muchacha lo aceptó luego de que Jung insistió y de pensarlo por unos días.

Al trabajar con la asociación de palabras Jung se dio cuenta que era incapaz de explicar ciertos retardos en las palabras que aparentemente no significaban nada para el sujeto, ni revisando el historial ni preguntado podía entender Jung que era lo que provocaba los retardos. No fue sino hasta la lectura de La interpretación de los sueños del psiquiatra vienés Sigmund Freud, que Jung esbozo una teoría que explicaba el retardo por la carga inconsciente que las palabras tenían en las personas. A partir de ese hecho, Jung fue un promotor del psicoanálisis freudiano en Zürich e incluso envío uno de sus libros sobre asociación de palabras a Freud, el cual lo recibió con agradecimientos y elogios para su autor. Según Freud, los tests de Jung son una comprobación empírica de su psicoanálisis. Poco tiempo después, ambos hombres ya se carteaban con frecuencia.

En 1906 Jung fue recibido en la casa de los Freud, los famosos departamentos de la calle Bergasse.

Bergasse 19
Escalera en Bergasse 19, una de las direcciones más famosas de Europa, compositores como Mahler y Berg, filósofos como Popper y Carnach, psicoanalistas como Viktor Frankl y Klein entre otros, subieron por aquí para hablar con Freud. Hoy el lugar es un museo.

La anécdota cuenta que ambos sabios alemanes hablaron durante trece horas seguidas, en varias ocasiones Freud quizá acompañar a su huésped a su habitación, pero al pié de la escalera un nuevo tema de discusión surgía y ambos médicos regresaban al estudio de Freud por más cigarros y cognac.

Como dato anécdotico, a la esposa de Freud el suizo no le cayó nada bien: no hablaba más que con Freud y apenas saludaba al resto de la familia.

Pero Freud estaba encantado con este colega de Suiza. Varios críticos al psicoanálisis, intentaban limitarlo a un movimiento judío de Viena, pero el joven Jung, cuya estrella y fama estaban en ascenso, provenía de una rancia cepa de sabios germanos, ¡y era hijo de un pastor protestante! Con él como aliado, nadie podía pretender reducir al psicoanálisis a un culto semita viénes. Pero Freud lo hizo mucho más que su aliado, había veinte años de diferencia entre ellos y de inmediato la relación que se estableció fue la de maestro/padre-alumno/hijo. Sorprendido por la de erudición de Jung en psiquiatría y de su dominio de las lenguas clásica, Freud lo nombró su Príncipe Heredero: el destinado a continuar el psicoanálisis después de su muerte. Como muestra de su adhesión, Jung intentó convertir a su primer maestro, el reputado Eugen Bleuler, a la causa del psicoanálisis. Lo cual, por cierto, jamás pudo conseguir pues Bleuler se mantuvo escéptico a la ontogénesis monódica propuesta por Freud: el conflicto sexual infantil.

Los años que van de 1906 a 1912 son testigos de una estrecha y afectuosa colaboración entre Freud y Jung. Las cartas entre ambos comienzan con un "Estimado amigo". Freud nombra a Jung presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, aún con la oposición de otros colegas de Freud, como Adler o Rank, quienes habían apoyado a Freud incluso en las épocas más difíciles. Durante todos esos años, Freud intenta cimentar en Jung la convicción del origen sexual de las neurosis: "Prométame --le incitaba Freud-- que nunca se alejara de la teoría sexual, ella debe ser nuestra fortaleza". Sin embargo, ya desde sus inicios Jung mantiene ciertas reservas hacia el psicoanálisis, sobre todo, hacia su reduccionismo sexual. "¿Es posible, se pregunta Jung, que las pirámides del gran Egipto, La Iliada de Homero, las pinturas del renacimiento y los poemas de Goethe no sean otra cosa que un sucedáneo de las relaciones sexuales con nuestra madre". Como sea, Jung le asegura repetidas veces a su maestro, que el se adhiere a la teoría sexual. En 1909 Jung renuncia al Burghölzli para dedicarse exclusivamente a la práctica privada, en ese mismo año se muda con su familia a Küsnacht, un suburbio de Zürich. Durante esos años, psicoanaliza a su esposa Emma, poco después la capacita para que ella también sea psicoanalista. A pesar de esta convivencia, Jung es un hombre adinerado, famoso y joven, mantiene affairs con las bellas y cultas aristócratas Tony Wolff y Sabine Spielring. Esta última, de ascendencia judía, moriría asesinada por los nazis en la invasión de 1941 a la Unión Soviética.

También en el agitado 1909, Freud y Jung viajan juntos rumbo a América para impartir algunas conferencias en la cátedra William James, en la universidad de Rochester donde ambos han sido invitados. Durante el largo viaje en barco ambos hombres analizan sus respectivos sueños mientras desayunan en la cubierta del barco, durante el turno de analizar de Jung, éste hace una pregunta, pero Freud responde tajante "eso no lo puedo contestar, no puedo poner en duda mi autoridad". En su biografía, Jung describe este momento como el del inicio del rompimiento con Freud "De modo que la autoridad está por encima de la verdad" escribiría. En Estados Unidos Jung psicoanaliza a algunos personas de color, este experiencia le serviría posteriormente al elaborar su teoría del inconsciente colectivo, la cual toma forma en el libro Wandlungen und Symbole der Libido, (Transformación y símbolos de la libido) publicado en 1912. El libro le costaría a Jung la amistad de Freud, pues en él propone que la sexualidad no es el componente esencial de la neurosis. Luego de algunas frías cartas de rompimiento y a pesar de la intervención mediadora de Emma, la esposa de Jung. Al parecer fue Freud el más desilusionado del rompimiento. Todavía en su último año de vida, ya en su exilio en Londres, Freud se lamentaría "cuánto perdimos cuando Jung abandonó el psicoanálisis". Jung acuña el término psicología analítica para diferenciar su teoría del psicoanálisis freudiano.

Los años que van de 1913 a 1917 están bastante mal documentados y son quizás los más obscuros en la vida de Jung, quien los describiría como un "descenso al infierno". Al parecer fue presa de la depresión y de una fuerte neurosis. Aún es capaz de dar consultas en Küsnacht, pero se mantiene alejado de la familia y pasa largas horas sólo a la orilla del lago de Zürich, amontonando piedras sin sentido y dibujando figuras al azar en la arena, esperando entender el mensaje que el inconsciente intenta comunicarle.

En 1918, ya recuperado, y hasta el año de 1940, Jung da consultas, estudia y escribe. Sus libros se vende bien y es ya uno de los más famosos terapeutas de Europa. También se vuelva más apegado a sus hijos, con los cuales organiza excursiones a las montañas. Cada vez da menos consultas y cada vez estudia y escribe más, lo que se refleja en la notable erudición de sus libros. Emma Jung también se vuelve una famosa terapeuta y escritora de artículos sobre psicología analítica.

El diagnóstico pesimista de Jung con respecto a la psíque europea, y concretamente, a la mentalidad germánica, le hace formular su famosa profecía acerca de "la bestia rubia", una amenaza que se cernía sobre la Europa positivista y carente de símbolos trascendentales.

Es precisamente durante el inicio de los años 30 que Jung comete el más grave de sus errores. Políticamente, Jung era conservador, y detestaba a la Unión Soviética. Esa y otras razones le harían mirar con interés lo que se desarrollaba del otro lado de la frontera. Según el mismo relata, la mayoría de las neurosis de sus paciente se debían a la incapacidad de poder incluir y articular los ricos y liberadores elementos del inconsciente colectivo a la consciencia racional que el occidente positivista había fomentado y construido. Según sus conclusiones, occidente vive un periodo de ultra-materialismo que le impide a la dimensión espiritual, tomar su lugar en la vida moderna. Jung cree ver en la revolución nacional-socialista elementos significativos que indican un retorno a la relación verdaderamente profunda entre el hombre y la naturaleza. Pero pronto sería desengañado y el también condenaría al régimen de Hitler, no obstante, y hasta su muerte, el estigma de haber sido un simpatizante nazi le perseguiría.

En la década de los 50 Jung viaja a África, en busca de material que vinculara su bien conocido inconsciente europeo con el de otras razas. Los africanos se sorprendieron al ver a ese hombre maduro descender del avión y saludarlos en un fluido swahili. En 1955 muere Emma. Jung murió en 1961 en su casa de Küsnacht.

La teoría

Existen profundas diferencias entre la teoría de Jung y la de Freud. En primer lugar se encuentra el concepto mismo de inconsciente. Para Freud, este es el sótano pestilente de la psique, de donde surgen contenidos despreciables, instintivos y obscuros que intentan desequilibrar a la razón y desintegrar nuestro yo, y debido a ello, deben ser reprimidos. La terapia de Freud tiene como objetivo, formar una alianza para hacer triunfar el yo racional del neurótico sobre las fuerzas obscuras que lo atacan. La concepción del inconsciente por parte de Jung es totalmente diferente, para el suizo, el inconsciente es un manantial de donde surge la sabiduría, la fuerza y la frescura de la vida. Jung señala que en el cerebro tenemos 400 millones de años de herencia evolutiva, y esa herencia existe para ayudarnos, no para complicarnos la existencia.

El problema radica en que nuestro pequeño yo burgués, es incapaz de asimilar esos contenidos y huye de ellos, temeroso de no poder controlarlos. La terapia junguiana no intenta hacer triunfar al yo racional, sino enseñarlo a integrarse de manera instintiva con el flujo de la vida. Para Freud, un Yo saludable es el que está detrás de una fortaleza, lejos del inconsciente, para Jung el Yo debe abandonar la fortaleza y vivir entre los supuestos "monstruos" que lo amenazan para darse cuenta que están allí para ayudarlo.

Por otra parte, la libido, o energia vital, elemento central en ambas teorias, es concebido de manera totalmente diferente. En Freud, la libido es la fuerza sexual que intenta perpetuarse en el acto reproductivo. En Jung, la libido es una energía igualmente poderosa, pero se presenta como amorfa, neutra y abstracta y cuya representación dependerá del contenido específico de cada neurosis particular. En Jung, la libido puede ser sexual a posteriori, pero no en principio.

De esta diferente aproximación al inconsciente se deriva una diferente concepción de la neurosis. Para Freud, toda neurosis es mala y debe erradicarse como si se tratase de una enfermedad infecciosa. Para Jung, en cambio, las neurosis no son necesariamente malas, son una oportunidad de lograr una mejor experiencia de la vida. Las neurosis son las alarmas que se encienden cuando el intento de crear una personalidad fracasa y la persona insiste una y otra vez en ella aún cuando le produzca angustia y dolor. El fin del psicoanálisis freudiano es la integración a la vida productiva, "ser capaz de amar y trabajar" en palabras del mismo Freud. La psicología analítica de Jung es mucho más ambiciosa, su objetivo es la individuación, que es el término que los terapeutas junguianos utilizan para referirse al fortalecimiento de la mente en su conjunto (y no solamente del yo) para el ejercicio gozoso y pleno de la vida, pero también, la aceptación de la inevitabilidad de la muerte y su significado. "Uno debe vivir como si su vida durase mil años, -- decía Jung-- y literalmente morirse de vida". En este sentido, la psicología analítica de Jung mantiene marcados vínculos con el budismo, no es casualidad que gran parte de los proceso de individuación usen el mandala como vía de exploración psíquica.

Mientras en la psicología freudiana el inconsciente está constituido por los recuerdos personales de la infancia y es dominado por el complejo de Edipo. En la psicología analítica el inconsciente está cargado de material atávico, primordialmente de arquetipos. Los arquetipos son formas milenarias de conducta que inconscientemente impulsan y condicionan nuestras acciones. Es decir, los arquetipos son la contraparte psíquica de los instintos: los pájaros tejedores, que saben como construir un nido sin necesidad de aprender, poseen un arquetipo en su mente, del mismo modo que las ballenas saben en que momento transladarse al sur para tener crías pues poseen al arquetipo de la migración que las obliga a ello. Los seres humanos, como homo sapiens, también tenemos arquetipos cuya misión es ayudar a guiarnos en el trayecto de la vida. Jung decía: "En nuestro cerebro está la huella de cuatrocientos millones de años. Está la memoria de todos nuestros ancestros".

Si por alguna razón, —cultural, familiar o personal—, un arquetipo es negado y no encuentra representación en nuestra vida, comenzará a sobrecargarse de libido y se conjugara con algún recuerdo personal para formar un complejo. "Las personas creen que tienen complejos, pero son los complejos los que lo tienen a uno" escribió Jung. A diferencia de Freud, cuya principal fuente de información sobre el contenido de las neurosis proviene del análisis de los sueños, es el comportamiento de los complejos el que revela a los analistas junguianos el tipo de conflicto al que se enfrentan. De este modo, si una persona, por cobardía o comodidad, ha desarrollado una personalidad demasiado pasiva y sumisa frente a los demás, su afición a las películas de acción y las revistas de armas revelarán que un complejo se está cargando.

Existen muchos arquetipos, entre los más importantes se encuentran el arquetipo de la madre, el de la vida, el de ego, el de sí-mismo, de la sombra, el de la muerte y el de personae. Personae, eran las máscaras que se colocaban los actores en las obras de teatro de la Grecia y Roma clásicas. Jung, con este término, se refiere a la máscara o "pose" que todos nos colocamos al interactuar con las personas que nos rodean y que incluye la apariencia personal y los objetos con los que nos rodeamos. Los doctores, los abogados y las estrellas de rock, poseen una persona (pose) bien definidas. La mayoría de las personae son usadas porque otorgan estatus o prestigio social al que las porta. El peligro radica en confundir la máscara con el verdadero yo, entonces nos volvemos una caricatura de nosotros mismo al dedicar gran parte de nuestra libido a sustentar la apariencia. En esos casos, el si-mismo no tiene oportunidad de iniciar el proceso de individuación. No es malo tener personae, siempre y cuando se amolden a nuestro desarrollo y no a la inversa. Un activista ambiental o un conferencista poseen personae correctas que los ayudan a relacionarse satisfactoriamente con los demás.

La dupla de arquetipos de anima-animus es de suma importancia, pues conforma la dualidad masculino-femenino que domina gran parte de nuestro desarrollo. Un número substancial de neurosis se derivan de la inadecuada comprensión de esta dualidad y sus muchas implicaciones. Cuando surge la neurosis, ciertos objetos o experiencias adquieren un carácter "numínico", es decir, una majestad y fuerza que pareciesen divinas. Esto es así porque dichos objetos han caído dentro de la órbita del complejo que produce el desequilibrio mental.

El arquetipo de la sombra esta relacionado con la compensación psíquica de nuestra consciencia. El arquetipo del ego se construye en base a los ejes razonamiento-sentimiento, intuición-evaluación que rigen la consciencia. Jung establece, además, dos tipos psicológicos esenciales: el tipo extrovertido y el introvertido. Dependiendo de como se construya el ego, la sombra lo refleja y compensa en el inconsciente. Si poseemos un ego demasiado introvertido, sentimental e intuitivo, nuestra sombra tendrá características extrovertidas, racionales y reflexivas. En muchos sueños la sombra aparece como portadora de regalos, de objetos que nos hacen falta.

Aún cuando lo sexual no conforma la guía rectora de la psicología junguiana, el arquetipo primordial del apareamiento está presente como un poderoso elemento. El arquetipo se patentiza al formar un complejo sobre el cual descansa el fenómeno de la transferencia y contra-transferencia entre el paciente y el analista. Aquí también, como en el psicoanálisis, la transferencia se muestra como una útil fuerza que puede ser aprovechada para fortalecer el yo del paciente y que de este modo sea capaz de ver y asimilar el mensaje bienhechor del inconsciente.

Personalidad
Elementos estructurales de la personalidad. En la consciencia, el ego y las personae se relacionan con el mundo y las obligaciones cotidianas. En el inconsciente, la sombra y la dualidad Animus-Anima. Varios complejos desprendidos de los arquetipos, de tamaño y actividad normales, están en el inconsciente profundo. Sin embargo, un gran complejo sobrecargado de libido (en rojo) intenta integrarse a la consciencia de manera violenta, provocando una neurosis.

En la psicología de Jung, le edad mediana, —alrededor de los cuarenta años—, marca una etapa de crisis, transición y renovación. El objetivo esencial de la vida que hasta ese momento consistía en recibir de los otros y fortalecer un yo inseguro, cambia pues el yo ya ha madurado y está satisfecho de recibir. Surge el interés hacia los otros, el desprendimiento y la preparación para la muerte. Si el camino de la individuación se lleva a cabo adecuadamente, surgirá una persona sabia, valiente y generosa que disfruta y esta satisfecha con su vida y carece de temor a la muerte.

Al igual que la de Alfred Adler, la terapia de Jung no es sólo retrospectiva, sino también prospectiva. Para estos investigadores y a diferencia de Freud, la pregunta interesante con respecto al inconsciente no es "¿qué ha pasado?" sino "¿qué se desea que pase?" La psicología analítica no sólo busca desmenuzar la psique en el análisis, sino integrarla en una nueva estructura a través de la síntesis psíquica o función trascendental de la terapia.

La terapia junguiana puede ser un maravilloso viaje a través de los sueños, el arte, la literarura y la mitología para encontrarnos a nosotros mismos, nuestro yo que está más allá del yo. "Sólo cuando vuelves al lugar de donde partiste, puedes conocerlo" dice un refŕan del Tibet, este es también un principio junguiano.

Críticas

Al igual que el psicoanálisis de Freud y Adler, la psicología analítica de Jung es una forma de conocimiento que no tiene cabida en el edificio científico. Ciertamente, mucho del conocimiento que hace que la vida sea digna de vivirse, --como recordar una línea de Virgílio o saber en que momento está listo un pastél-- no son conocimientos científicos. El valor actual de la terapia junguina, radica en la posibilidad que nos brinda de ver más allá de las necesidades inmediatas de cada día y observar con franqueza el mundo y nuestro breve estancia en él. Sobre todo, las escritos de Jung son un recordatorio de que no podemos posponer indefinidamente nuestro proceso de individuación y de que debemos respetar las obligaciones que mantenemos para con nosotros mismos. De no hacerlo asi, tarde o temprano sufriremos un castigo psicológico, a veces, incluso, sin que seamos conscientes de que nuestros días se suceden bajo dicho castigo.

Sin embargo, las teorías del inconsciente sólo son una de las vías posibles para realizar el viaje de peregrinación hacia el interior. En muchas personas, prepararse para correr un maratón, viajar a un país lejano, iniciar un huerto o simplemente adquirir el hábito de andar en bicicleta será psicológicamente más sano que hacerse un prolongado y costoso psicoanálisis. Tal como se encuentra formulada por Jung, la psicología analítica como ciencia es inaceptable y, peor aún, inverosímil, a menos que creamos ciegamente en un inconsciente infinitamente versado en mitologia alquímica y latín medieval. No obstante, hay un camino que todo ser humano debe recorrer, y el anciano sabio de Küsnacht bien puede echarnos una mano.


Última actualización: 2007-04-29 10:57:00-05



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