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La nueva izquierda

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George Orwell observó en una ocasión que el pensamiento político, particularmente en la izquierda, es una especie de fantasía masturbatoria en la que el mundo de los hechos apenas cuenta. Eso es verdad, por desgracia, y es parte de la razón por la que en nuestra sociedad no existe un movimiento de izquierdas serio, auténtico y responsable
Noam Chomsky

Cuando era niño, mis abuelos me llevaban cada año a la Kermesse del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), el cual habáa sido fundado por Heberto Castillo. Aún recuerdo ese parque de Xochimilco donde mi abuela abriá su monedero y me daba, por alguna razón inexplicable, una suma exhuberante de dinero para gastar: era el día del derroche. Mientras yo aventaba canicas a los agujeros para sacar una pistola dorada --con todo y funda-- ellos se sentaban a comer y discutían acaloradamente con personas que yo no conocía sobre temas que no me interesaban. Regresabanos a la casa por la tarde, cansados y felices, yo con el estómago lleno de flanes y esquites, mi pistola enfundada y un pegote del Che en el abrigo.

Mi historia pues, es una historia de un militante de izquierda. A fines de los 80`s, era un adolescente afiliado al extinto Partido Mexicano Socialista. Durante las tardes, con unos amigos, repartíamos volantes contra el pacto económico del presidente De la Madrid afuera de la estación Tacubaya burlando a la policia, eran los tiempos en que estaba prohíbido repartir volantes, ya fuesen de derecha o de izquierda. En una ocasión, nos llevaron a la delegación junto a otro volantero que repartía textos incendiarios donde se explicitaban los servicios y descuentos de un dentista de la zona. No sin orgullo, mi combativa abuela fue a la delegación a pagar la multa.

En aquel tiempo, se entendía que ser de izquierda era ser comunista, uno debía defender a los rusos de la propaganda burguesa. La argumentación era que las imperfecciones soviéticas serían superadas una vez que el último reducto del sanguinario imperio yanqui fuese vencido. De aquel tiempo hacia acá la concepción de izquierda se ha modificado substancialmente; se ha ganado en libertad y tolerancia al tornarse la izquierda más incluyente, pero se ha perdido en coherencia política. Muchos añoran los viejos tiempos, cuando se poseía una sólida y marxista respuesta para cada observación incómoda. Yo sospecha que parte de la nostalgia por los 70 se debe a que, en esos tiempos, el ser de izquierda incluía la sensación de «vivir en el porvenir», de ser el portador de un mensaje liberador y osado.

Con la caída del muro todo eso se perdió y toda la vieja guarda marxista —a regañadientes y rumiando— se resignó a tomar los consabidos discursos demócraticos que anteriormente habían críticado hasta la saciedad, aún cuando la mayoría, en su íntimo pensamiento, se resitía a la domesticación política y al abandono del uso del uso de la fuerza como medio legítimo. Por ejemplo, el escritor brasileño Paulo Cannabrava Filho escribió hace poco acerca de uno de sus sus libros es un texto con reportajes retrospectivos, acompañados por reflexiones sobre poco más de una década en que nuestra América Latina estuvo en llamas: la llama de la creatividad y el fuego de los fusiles iluminando procesos revolucionarios que aspiraban a construir un hombre nuevo en un mundo libre y solidario. Años en que las utopías salían del estado de entelequia para materializarse en realidad. Es evidente que el señor Cannabrava añora aquellos días.

Lo que la vieja guardia no se da cuenta es que al abandonar las brillantes y erróneas ideas de Marx, la izquierda puede volver a sus auténticos orígenes sociales, estoy pensando, en primera instancia, tanto en los sindicatos y cooperativas como en las organizaciones agrarias. Junto a ellos, han surgido nuevas maneras de luchar por la diversidad y la igualdad social, me refiero a los movimientos ecologistas, de derechos humanos y de desarrollo de software libre.

Así pues, la izquierda es mucho más rica y compleja ahora que lo que fue a lo largo del siglo veinte. Sin embargo, inexplicablemente, nada de esto se refleja en un discurso completo y articulado por parte de las cúpulas de izquierda, ancladas en su incurable furor engeliano. Pero, — llegados a este punto la pregunta es inaplazable— ¿qué es ser de izquierda en el nuevo milenio?. No basta con decir que se trata de aquella línea de pensamiento que agrupo a los que suspiran por un profundo cambio social. Los nazis cambiaron todo en Alemania y no eran de izquierda.

Liberada del marxismo, la izquierda de abolengo, la que descreía de revoluciones ha vuelto para bien de todos. La social-democracia vuelve a ser el hilo rector de la izquierda. Nombres como John Ruskin, Betham, Stuart Mill e incluso Wilde pueden volver a aparecer en los escritos y artículos de La jornada y demás publicaciones. No se trata, de ninguna manera, de una izquierda ligera y superficial, nada "light" hay en ella, es radical, tan radical como puede serlo un pensamiento guiado por la razón en el mundo descabellado y decrépito de las ganancias corporativas. Sus propuestas buscan reformar a fondo los sentires y haceres de la actividad humana, es profundamente subversiva. La diferencia es que el cambio se dará lento y desde abajo, y no brusco y desde arriba como los profetas setenteros nos explicaban.

La nueva izquierda cree en la iniciativa privada, pero no cree que los índices macroeconómicos sean un fin per se. La nueva izquierda cree que cualquier política económica es ilegítima si no posee datos concretos que indiquen que su implementación conllevara beneficios para todos. La nueva izquierda no cree que el abatimiento de la pobreza dependa de la generación de más ricos. La nueva izquierda cree —basada en datos científicos—, en el poder de la educación. La nueva izquierda no cree que un proceso electoral limpio genera automáticamente una sociedad democrática. La nueva izquierda no define a la democracia como una forma de gobierno sino como una forma de organización social. La nueva izquierda cree que la base social está conformada por el individuo, no por la familia. La nueva izquierda incluye en los derechos humanos los aspectos ambientales, jurídicos, alimentarios y de salud bajo los cuales se desarrolla la vida de cada ser humano. La nueva izquierda estimula el orgullo de cada grupo étnico por su pasado y actualidad. La nueva izquierda cree que las fronteras, visas y pasaportes violan los derechos humanos pues tenemos el derecho evidente de viajar por el mundo tal como lo hicimos por millones de años. La nueva izquierda considera al cigarrillo un tibio y decadente hábito burgués. La nueva izquierda, al igual que la Grecia clásica, tiene una concepción elevada del ser humano. La nueva izquierda no cree que los animales sean “inferiores”. Por último, la nueva izquierda cree que el acto de vivir, es esencialmente placentero.

Estoy consciente de que existen ciertos aires nazis en esta formulación de la nueva izquierda, en general considero a los nazis — y a todos sus engendros cabezas rapadas actuales — como un grupo de resentidos imbéciles producidos, sin duda alguna, por los recortes presupuestales a la educación. Sin embargo existen dos aspectos rescatables de los nazis: su amor por los bosques y la naturaleza, y su visión del cuerpo humano, como la herramienta a través de la cual se disfruta del mundo. Estos dos aspectos deberían de ser más difundidos, sobre todo entre los niños urbanos.


Última actualización: 2007-04-29 10:57:00-05



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