2008-06-25 10:20:14-05
Geopolìtica
Bajo la Lupa
Alfredo Jalife-Rahme
México, ¿transfrontera de la guerra de la cuarta generación?
Desde diversos círculos estratégicos de EU han llovido despiadadas criticas al Estado calderonista, que catalogan de “Estado fracasado”. Después del estrujante artículo de Stratfor (Bajo la Lupa, 28/5/08), aparecieron el de William S. Lind y el de Jim Willie, quien tilda a México, desde el punto de vista financiero, también, de “Estado fracasado” (Financial Sense University, 20/6/08).
Nos centraremos en el temerario artículo de William S. Lind, gran teórico militar de la “guerra de cuarta generación” (GCG) –concepto descrito en un artículo de 1989 de Marine Corps Gazette, titulado: “La cara cambiante de la guerra: en la guerra de cuarta generación”–, quien aduce que ésta “toca a las puertas de EU”, que libra otras dos guerras similares en Irak y Afganistán, y que “la muerte en espiral del Estado mexicano parece haberse acelerado” (Space War; “Asuntos militares: hacia la ruta de México”, 5/6/08).
Considera en forma atroz que la guerra de los cárteles en México (de nueva cuenta clasificado como “Estado fracasado”) forma parte de la “GCG”. Se trata de “un modelo de la GCG, que probablemente sea más común del que se libra ahora en Irak y Afganistán, donde el Estado ha desaparecido, a pesar de los esfuerzos frenéticos para que su cadáver farfulle y baile en los pies de los gobiernos de Al Maliki y Karzai”. ¿Se parecen, entonces, estos gobiernos disfuncionales y fallidos al de Calderón?
Según William S. Lind, la “mayoría de las entidades de la GCG no requieren derrocar al Estado. Solamente necesitan hacerlo impotente para interferir en sus actividades, como Hezbollah en Líbano”, lo que “se consigue de manera tranquila (¡súper sic!), capturando los aspectos relevantes de las entrañas del Estado”, que incluye “las fuerzas de seguridad, que usualmente no son difíciles de penetrar, a líderes políticos, quienes pueden ser comprados, chantajeados o ambos, y a ciertos elementos de los multimedia”. ¡Ni más ni menos que la radiografía del México calderonista!
Asevera que los cárteles de la droga en México han sido “efectivos en cooptar y aniquilar a líderes políticos o figuras de los multimedia. El resultado no ha sido la desaparición del Estado, sino su ‘socavamiento’”. Para el “mundo externo, permanece un Estado, con todos sus derechos soberanos” (nota: aquí se equivoca Lind, porque el México calderonista carece de soberanía financiera y se apresura a despojarse de la soberanía militar y energética). Pero “internamente es una ciudad Potemkin, una escenografía en la que dramas como las ‘elecciones’ pueden ser actuados mientras las entidades de la GCG realizan los negocios verdaderos”, que “no pocas veces incluyen la mayor parte de la economía del país que el Estado no se atrevería a estrangular, aun si pudiese”.
La estructura de “Estado Potemkin” protege a las organizaciones de la GCG “de un ataque foráneo”, mientras el “penetrado (sic) gobierno mexicano asegurará que cualquier cooperación, con los esfuerzos (sic) antinarcóticos con EU no rebase los límites formales”, cuando “todos se benefician en mantener la ficción de un Estado: los cárteles de la GCG, la economía mexicana, las cuentas bancarias de los políticos mexicanos y el gobierno de EU”.
Concluye, muy severo, que EU necesita desesperadamente “reconectarse con la realidad, que incluye el hecho de que la transfrontera con México ya no existe”.
William S. Lind es un experto en asuntos militares y un erudito del “conservadurismo cultural”. Graduado de la Universidad de Princeton, se dio a conocer por haber sido uno de los teóricos originales de la GCG, según la cual el Estado ha perdido efectivamente el monopolio de la guerra y donde se han borrado las fronteras entre la guerra y la política, el soldado y los civiles, la paz y los conflictos, y los campos de batalla y la seguridad urbana, cuando la guerra ha regresado a una forma descentralizada y dispersa. En forma más llana se define como una “guerra asimétrica” de la clásica guerra de guerrillas de baja intensidad.
La guerra de primera generación representa las tácticas de línea y columna, en la era del mosquete; la de segunda generación, las tácticas de fuego lineal y en movimiento; la de tercera generación, tácticas de infiltración rodeando y haciendo colapsar a las fuerzas del enemigo. La originalidad de Lind radica en que incorpora la guerra de las drogas a la GCG, donde un impotente Estado militarizado se encuentra incapacitado para lidiar con los cárteles que han penetrado sus estructuras carcomidas.
De Defensa, centro de pensamiento militar europeo (10/6/08), se entusiasma con el nuevo concepto de William S. Lind, que ha tenido un “efecto bumerán” contra EU. Resulta interesante su interpretación: “México es el caso del fracaso de una tentativa semirrevolucionaria que ocurrió en condiciones extrañas (sic), poco habituales, durante la elección de Calderón en 2006. El sistema, manipulado (sic) o inspirado de manera general por EU, hizo fracasar esta tentativa, quizá con la ayuda de provocaciones. La constatación interesante es que el éxito ‘contrarrevolucionario’ se paga mediante una degradación notable de las estructuras del Estado, ayudado por la política neoliberal del mismo presidente/gobierno muy cercano en sus conceptos a las tesis de EU”.
Aunque comporta muchas exageraciones y flagrantes omisiones (v.gr la venta de armas estadunidenses en la transfrontera a los cárteles; el TLCAN, que abre de facto las fronteras de par en par al crimen organizado transfronterizo, etcétera), lo interesante del artículo de WSL no radica en su precisión, ni siquiera en la conceptualización de asemejar la vulgar guerra de los narcóticos de los cárteles a una más gloriosa guerra de guerrillas, sino en la insistencia frenética de los círculos bélicos de EU en considerar al México calderonista, indefendible a todas luces, como un “Estado fracasado”, pese a la supuesta protección del régimen torturador bushiano.
Porque sería imposible, humana y tecnológicamente, que perdurase cualquier movimiento guerrillero, ya no se diga un vulgar cártel de las drogas, sin la connivencia, por no decir control y comando, de los poderes cupulares tanto de México como de EU (sobre todo), y que depende de protecciones, alianzas tras bambalinas, ocultamiento multimediático, nutrición armamentista y logística, y traslados financieros clandestinos. De otra manera no se podría entender que el narcotráfico constituya el principal negocio global del G-7 y la OTAN.
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2008-06-19 10:06:59-05
Geopolìtica
John Saxe-Fernández
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Entrega: salto “cuántico”
Al tiempo que se preparaban los detalles de la “reforma estructural” para dar cobertura legal a la privatización, extranjerización y eventual desintegración de Pemex, en curso desde los años 90, EU también elaboró un programa que permite asegurar militarmente tan magno despojo a favor de sus empresas. Se trata de un despliegue militar hacia todo el territorio mexicano disfrazado con ejércitos mercenarios que operan como contratistas privados y que son brazos clandestinos del Pentágono y la CIA. Esas firmas, entre las que resaltan Blackwater y DynCorp, están bajo mando de ex oficiales militares y de inteligencia de EU. La primera perpetra frecuentes masacres y brutales violaciones a los derechos humanos de la población iraquí, y la segunda, desde Colombia, disemina plaguicidas que se extienden a varias provincias ecuatorianas afectando de manera grave la salud humana y el medio ambiente. Su inclusión en el paquete de seguridad que discutía el embajador Garza con Calderón desde mayo de 2007 se posicionó en el Congreso estadunidense como el aspecto más delicado de lo que entonces se denominó Plan México. Según John Ariscano (“Los siniestros contratistas…”, Clarinet, de Chile), Blackwater cuenta con 100 mil hombres. Esas empresas, “además de inmunidad diplomática, tienen a disposición helicópteros, carros blindados y vehículos Hummer dotados de ametralladoras y han actuado –caso de DynCorp– al servicio de narcomafias y terroristas aliados a Washington”, por lo que cabe preguntar cómo incidirán ¿o inciden ya? en la ola de violencia que asuela a la nación. Es tema vedado al público. Existen antecedentes: ya se usaron mercenarios políticos de la derecha española y de Washington, tipo Dick Morris y Rob Allyn, en la creación y manejo electoral de las provocaciones de 2006, y después de Montebello Calderón planteó otorgar la protección de las instalaciones de Pemex-CFE a SyColeman.
A fines de 2007 se supo que se realizaban conversaciones sobre asuntos de seguridad entre Garza y Calderón. El embajador dijo que Calderón le ofrecía una “ventana de oportunidad” y que colaboraba en la materia “más que cualquier otro presidente”. Colocar en riesgo la soberanía y superar en entreguismo a Santa Anna, Salinas, Zedillo y Fox es una hazaña difícil de superar, pero así lo confirmó un alto funcionario del gobierno de Bush, que pidió el anonimato, al calificar el Plan México endosado por Los Pinos como “… un salto cuántico hacia delante (quantum leap forward), en parte porque México está dispuesto a arriesgarse en la construcción de una nueva relación” (citado por Alfredo Corchado “1.4 billion US Mexico Anti-drug program to entail use of private contractors”, Dallas Morning News, 19/10/07).
El “salto cuántico” se centra en el hecho de que, como expresó el general Roberto Badillo Martínez, “… ningún gobierno mexicano durante el siglo XX permitió la entrada de tropas (de EU) ni de mercenarios disfrazados, y mucho menos de asesores”. Por eso el hermetismo y manejo publicitario: al Plan México luego se le llamó Iniciativa Mérida para suavizar la asociación con el Plan Colombia, otro esquema de negocios bélico-industriales y de ocupación territorial también elaborado bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico y en el que es central el papel de los contratistas privados en el teatro de operaciones y en la oferta de adiestramiento y equipo.
En las legislaturas se soslaya el uso de contratistas privados en la Iniciativa Mérida, quizá por el rechazo del público mexicano al menor asomo de ocupación militar del país. Corchado indica que Silvestre Reyes, presidente del comité de inteligencia de la Cámara de Diputados estadunidense, mostró preocupación por el posible uso de contratistas privados del país vecino en México: “es una de las áreas más sensibles en las negociaciones entre los dos gobiernos… los oficiales mexicanos están preocupados al respecto y nosotros también por el uso que se hace de los contratistas en Irak”.
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2008-06-10 15:14:19-05
Geopolìtica
René Drucker Colín
Un mundo al revés
Uno de los desarrollos que más impacto han tenido en la vida cotidiana es el relacionado con la comunicación. Las largas esperas para comunicarse con alguien a nivel nacional o al extranjero han desaparecido, de tal forma que hoy día puede uno estar conectado por diversos medios con quien y donde sea, de manera casi instantánea. Con esto nos hemos globalizado, como hoy se denomina a este fenómeno. Pero con este desarrollo también se ha incorporado a nuestras vidas, y cada día más, el proceso de tener que compararnos con otros países. Este fenómeno hace que ya no podamos (ni debamos) vivir en una burbuja, como hace no tantos años atrás, sino que debemos y además podemos instantáneamente saber cómo estamos en relación con otras naciones.
Cabe señalar que en términos generales no podemos sentirnos muy orgullosos de nuestra situación en relación con otros países, pues casi siempre ocupamos los últimos lugares en muchos rubros, pero, sobre todo, en aquellos tan importantes como educación, inventiva, desarrollo tecnológico e inversión en ciencia, por ejemplo.
Sin embargo, hay dos asuntos muy preocupantes en los cuales, por desgracia, ocupamos puestos preponderantes. El primero es obesidad y el segundo corrupción. Veamos primero el asunto de la obesidad: resulta que México es el segundo país con mayor población obesa en el mundo, después de Estados Unidos. Tenemos que 29.35 por ciento de los adultos mexicanos padecen obesidad y 40 por ciento tienen sobrepeso. Pero peor aún: 26 por ciento de los niños de entre cinco y 11 años presentan sobrepeso u obesidad.
La obesidad en México se asocia con 300 mil muertes por año y 50 por ciento de los casos de sobrepeso infantil se inician antes de los dos años de edad. Ahora, lean bien esto: la circunferencia de cintura ha sido utilizada como indicador de riesgo de síndrome metabólico (eventualmente diabetes). Esta circunferencia ha sido propuesta como punto de corte indicador de alto riesgo de enfermedades crónico-degenerativas. En México, el punto de corte de esta circunferencia es 90 centímetros para hombres y 80 para mujeres. Pues resulta que entre las edades que van de 20 a 80 o más años, 63.8 por ciento de los hombres y 83.6 por ciento de las mujeres sobrepasan su punto de corte, haciéndose susceptibles a riesgos metabólicos.
Ahora bien, la media nacional de talla (circunferencia de cintura) para edades de entre 20 a 49 años es de 153.7 centímetros para mujeres (73.7 centímetros mayor que el punto de corte) y de 166.8 para hombres (76.8 mayor que el punto de corte), lo que señala que la prevalencia de obesidad en México es alarmante, como señala la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, lugar de donde obtuve estos preocupantes datos. Quizá deberíamos agradecer al Tratado de Libre Comercio (TLC) este maravilloso panorama de sobrepeso poblacional, pues hay una coincidencia asombrosa entre el inicio del TLC y del proceso que condujo a la obesidad de la población. Gracias, franquicias alimentarias.
El segundo asunto es la corrupción: según una nota de julio de 2001 (Intélite), la corrupción en México equivale a 120 mil millones de dólares anuales, que, según números de aquellos tiempos, equivalía a 20 por ciento del producto interno bruto (PIB). Yo no sé si México ha mejorado o empeorado, pero según el Índice de Percepción de la Corrupción 2007, México ocupa el lugar 76 de entre 180 países encuestados. Desconozco cómo evalúa Transparencia Internacional estos índices, pero, como sea que sea, no es una posición de la cual nos deberíamos sentir orgullosos.
Datos recientes señalan que de recursos públicos destinados a realizar contrataciones gubernamentales, 30 por ciento, o sea, casi 70 mil millones de pesos, se destina a corrupción, al igual que 15 por ciento de los impuestos anuales recaudados. Una encuesta determinó que en 2001 hubo cerca de 214 millones de actos de corrupción en el uso de servicios públicos. Lo sorprendente de la encuesta es que, mientras más alto el nivel socioeconómico de los servidores públicos, más aumenta su propensión a ser corruptos. Quizás la interpretación es que los actos de corrupción los hacen tener más ingresos, esto aumenta su nivel socioeconómico y esta recompensa los retroalimenta para ser más corruptos aún. El problema tiene que ver con la absoluta impunidad que hay en México ante actos de corrupción y esto, desde luego, fomenta más corrupción. Ciertamente la corrupción es un fenómenos complejo, a veces difícil de evaluar su costo y, por lo que vemos, universalmente presente, pero, como dice el dicho, “mal de muchos, consuelo de tontos”.
Qué lástima que tengamos tan malos lugares en educación y tan buenos en obesidad y corrupción, y dígame si no estamos en México, como en un mundo al revés. Pero, como diría Cristina Pacheco: “Aquí nos tocó vivir”. A ver si creamos conciencia y mejoramos para el año 3000.
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2008-06-07 20:57:57-05
Geopolìtica
Carlos Fazio
La certificación militar
Atrapada en medio de fuertes restricciones presupuestarias, y vulnerable al “fuego amigo” de la guerra en Irak y a las hostilidades entre demócratas y republicanos en un año electoral, la llamada Iniciativa Mérida recorre un tortuoso camino en Wa-shington, pero al final pasará, con certificaciones incluidas, porque se trata de una herramienta de penetración de la nación imperial que, entre otros objetivos, persigue la militarización de México y mayor dependencia de las instituciones armadas del país al Pentágono y a la “comunidad de inteligencia” de Estados Unidos.
El paquete de “ayuda” militar propuesto por la administración de Bush en octubre pasado –mejor conocido como Plan México, dado que es una réplica del Plan Colombia– fue aprobado por el Senado estadunidense el pasado 22 de mayo con una serie de condicionamientos y un sensible recorte en su monto. Inicialmente, la solicitud enviada al Congreso era por 500 millones de dólares para el año fiscal 2008, que termina el 30 de septiembre. Pero el Senado otorgó sólo 350 millones de dólares, y además la entrega a México en “especie” de equipo y tecnología de comunicaciones, control de droga y migratorio (hardware y software de inteligencia, escáneres de rayos gama y rayos equis, bases de datos para control biométrico, etcétera), aviones CASA-235, helicópteros Bell-412 (usados) y eventualmente S-70A (o 60L Black Hawk) artillados, barcos patrulleros y adiestramiento policial y militar, quedará sujeta a una serie de fiscalizaciones impuestas por el Capitolio.
Los condicionamientos incluyen una serie de reformas legales y judiciales en México y la elaboración por parte de Washington de una base de datos “para el escrutinio de las corporaciones policiales y militares mexicanas”, a fin de garantizar que quienes reciban la ayuda no estén involucrados en violaciones de derechos humanos o en actos de corrupción. La iniciativa prevé que el Departamento de Estado certifique que México está haciendo cumplir las prohibiciones contra el uso judicial de testimonios obtenidos mediante tortura.
Asimismo, deberá asegurarse de que las fuerzas armadas de México transfieran a fiscales del fuero civil todos los casos de militares involucrados en acusaciones de violaciones a derechos humanitarios. No obstante, el proyecto de ley del Senado deberá ser consensuado ahora con la Cámara de Representantes antes de ser devuelto al presidente Bush, quien podrá promulgarlo o vetarlo. La coyuntura exhibe a un jefe de la Casa Blanca políticamente débil que deberá negociar el paquete con el liderazgo demócrata en la Cámara Baja, donde podrían surgir algunos cambios.
Tras conocerse la resolución, algunas voces señalaron aquí que la nueva fase de “certificaciones” implicaría una “renuncia” a la soberanía nacional. Se denunció también el descarado injerencismo y la rotunda hipocresía de la iniciativa estadunidense, que retrotrae la relación bilateral a los días en que el Departamento de Estado premiaba o castigaba a otros regímenes, no en función de su compromiso con las garantías individuales o por su lucha contra el crimen, sino a partir de afinidades o desencuentros políticos e ideológicos, o bien como forma de ejercer presiones intervencionistas.
Ahora, como antes, al viejo dicho de sentido común universal de “el que paga manda” se suma el déficit de legitimidad de la administración de Bush, campeona de la violación de derechos humanos en el mundo, como ha quedado probado con las atrocidades cometidas por su personal militar en la cárcel de Abu Ghraib (Irak) y en el campo de concentración de Guantánamo, amén de los vuelos secretos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), transportando prisioneros secuestrados, cuya suerte se desconoce.
Hasta ahora, Felipe Calderón no ha emitido ningún comentario sobre los monitoreos propuestos por el Senado estadunidense a la Iniciativa Mérida. La razón es sencilla: desde antes de ser declarado presidente electo, el Comando Norte del Pentágono le había impuesto a Calderón el plan militar con todo y sus condicionamientos, porque México es una pieza esencial del “perímetro de seguridad” de Estados Unidos, al que nuestro país fue “integrado” de facto. Es más: en parte, el Plan México ya viene operando en el contexto de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN, marzo 2005), a través de los llamados operativos espejos y la existencia de un intercambio de información de inteligencia en tiempo real de los organismos de seguridad de ambos países.
A la doble moral de Estados Unidos se añade el hecho de que el régimen calderonista ha venido manejando el paquete que aumentará la dependencia militar de México, como un “acuerdo de voluntades”, “compromiso político” o “esquema de cooperación bilateral” de nivel ejecutivo, artilugio para ponerlo al margen del artículo 76, fracción I de la Constitución, que establece como facultad exclusiva del Senado mexicano analizar la política exterior desarrollada por el Ejecutivo federal y aprobar tratados y convenios internacionales.
Así, el Plan México, definido por el embajador de Estados Unidos, Antonio Garza, como el “proyecto más agresivo” jamás impulsado por la Casa Blanca en el Hemisferio Occidental, carece aquí de control legislativo. El hecho es muy grave. México cede soberanía en áreas estratégicas que tienen que ver con la seguridad nacional. Calderón adoptó la agenda de Bush y su óptica militarista. Y no manchen: los cacareados principios de “confianza mutua”, “responsabilidad compartida” y “reciprocidad” entre dos países asimétricos como Estados Unidos y México es una humorada que intenta desafiar la ley que rige la relación entre el tiburón y la sardina.
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2008-06-07 20:43:16-05
Geopolìtica
John Saxe-Fernández
http://jsaxef.blogspot.com
Hoja de ruta
La hoja de ruta de EU para Pemex fue adoptada como propia por Los Pinos desde 1982. Usar al Banco Mundial (BM) para revertir la nacionalización petrolera se acentuó con el rescate que pactó Zedillo con Clinton en 1995. Con Fox y Calderón, así lo muestra Israel Rodríguez (La Jornada, 1/6/08), el proceso sobrepasó todo límite imaginable. La desnacionalización del proceso de toma de decisiones requerida para desmantelar Pemex se funda en el manejo discrecional de las condiciones atadas a los préstamos para incidir en la dinámica interna, sea en ferrocarriles, bancos, comercio exterior, infraestructura, agricultura o energía. La codicia empresarial, doméstica y externa, así como la creciente dependencia de EU al crudo importado, impulsaron al BM a colocar la reserva petrolera y el portafolio de negocios de Pemex como objetivos prioritarios.
Para lograrlo sugiere: 1) permitir contratos de riesgos para exploración y desarrollo, 2) abrir a la inversión extranjera mayoritaria en petroquímica, 3) dividir Pemex en empresas separadas y en competencia, 4) permitir la competencia interna e internacional frente a Pemex, y 5) privatizar Pemex.
En sus Mexico Strategy Papers, de 1995, el BM dice que Pemex debe “… otorgar contratos competitivos para exploración y desarrollo de cada campo petrolero para que en los más grandes se puedan extraer mayores rentas, ya que en éstos la extracción es más barata”. Luego que Salinas, country manager del BM, quebró la integración vertical de Pemex en cuatro organismos descentralizados con un ente coordinador, el BM plantea la atomización: “… cada empresa subsidiaria en existencia sería dividida en, quizá, cuatro empresas independientes… cuatro de exploración-producción –cada una tan grande como una empresa privada– y cuatro empresas de refinación y mercadeo. El corporativo Pemex cesaría de existir”. Como en Brasil, el BM propone una institucionalidad similar a la de EU: México debe integrar una “Agencia Federal de Hidrocarburos separada de Pemex, encargada de las áreas de exploración y producción que negociaría y firmaría los contratos… Entes similares existen en EU, como la Texas Railroad Comission” (TRC). Sometida a intereses petroleros, la TRC se encarga no de trenes, sino de regular el mercado del crudo.
El vital elemento geoestratégico y de seguridad, excluido de la discusión pública del TLCAN y ausente en la agenda del debate sobre la reforma calderonista (por fortuna lo abordó Jorge Eduardo Navarrete la semana pasada), fue propuesto por Blyth Eastman & Dillon (BE&D) en 1979 como eje empresarial para la “integración energética de la América del Norte”, establecida, según esa firma asesora de Wall Street, bajo la premisa de borrar “las diferencias nacionales entre Canadá, EU y México” para satisfacer las “necesidades de energía de los tres países”. Se dejó de lado que EU agotó su reserva de crudo convencional a inicios de los 70 y era (y es) el principal consumidor y derrochador de petróleo del planeta, mientras sus dos “socios” son autosuficientes. BE&D propuso “una especie de mercado común que integre los vastos recursos energéticos de América del Norte”.
El petróleo es motivo de fondo del TLCAN que Bush saca a la luz en 2005 con la ASPAN y su Consejo para la Competitividad de la América del Norte, que incluye grandes empresas y cabildos, el Consejo Coordinador Empresarial entre ellos. Mientras un sigiloso Fox, iluminado por Enron y el BM, abría Pemex a decenas de zorros tipo Halliburton, EU agregó el paraguas militar (Comando Norte). Y Calderón, enlazado con la rapiña doméstica, busca constitucionalizar la red de negocios con la ayuda de gobernadores panistas y priístas que esbozan una feudalización de Pemex, al modo de la oligarquía boliviana en Santa Cruz, para lucrar con la balcanización de México.
Esta es la hoja de ruta de las reformas de Calderón. Por eso el BM y Tony Garza, embajador de EU y ex integrante de la TRC, apoyan, entusiastas, la reforma.
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2008-06-07 19:58:45-05
Geopolìtica
Soberanía, Estado y petróleo
por Enrique Dussel
Se trata de reflexionar sobre tres conceptos que se usan en los debates actuales y que sería bueno aclarar, relacionar y sacar alguna consecuencia práctica.
1. Soberanía. Es sabido que Jean Bodin (1530-1596) trata el tema en su obra Los seis libros sobre la República otorgando sólo a la persona del príncipe o rey el “poder soberano” (pouissance souveraine). Bodin sabía que en el “estado de Venecia” se depositaba la soberanía sobre el “Consejo mayor” de los patricios, y por ello era una aristocracia. Para un Bartolomé de las Casas (1484-1566), refiriéndose al Perú y a las encomiendas de indios (en su obra De regia potestate, 1546), el poder de autodeterminación pertenecía sólo al pueblo, ya que escribía explícitamente que una decisión del rey sin el “consenso del pueblo” (consensu populi) no tenía “legitimidad” (legitime), porque sería “inferir perjuicio a la libertad (libertati) del pueblo”2.
El concepto de soberanía sufrió entonces una evolución en cuanto a su referente. Al comienzo los únicos soberanos eran los dioses, que dictaban las leyes de la comunidad. Después lentamente los dioses dieron esta potestad delegada a los reyes, como lo vemos en el Código de Hammurabi en la Mesopotamia (en el siglo XVIII a.C). En la república romana la soberanía la tenía el Senado, una oligarquía minúscula. El proceso histórico terminará por comprender que la soberanía pertenece sólo a toda la comunidad política, al pueblo. Es el pueblo el único soberano, primera y última instancia de autodeterminación en la creación de todas las instituciones (gracias al poder instituyente diría C. Castoriadis), en la promulgación de una constitución (gracias al poder constituyente, descrito entre otros por un C. Schmitt), en el dictado de las leyes o en la toma de decisiones fundamentales de la política (desde la elección de los representantes hasta compromisos trascendentales en los que se usan recursos excepcionales tales como la consulta popular, el referéndum o el plebiscito). En todos los casos la sede última del ejercicio del poder es la soberanía popular.
2. El Estado. Siendo el Estado el macro sistema institucional de la sociedad política, creación de la soberanía popular, no puede decirse de manera estricta que “el Estado es soberano”. El soberano es el pueblo, y el Estado es una institución a su servicio. Y como toda institución es una mediación para el ejercicio delegado del poder soberano del pueblo. El Estado, en el mejor de los casos, podría decirse que ejerce delegadamente la soberanía popular, pero no en nombre propio, sino en el del pueblo. El arrogarse el Estado el poder ejercer la soberanía en nombre propio (en aquello tan repetido de que “el Estado es soberano”, que podría aceptarse en un sentido amplio) es lo que se denomina fetichismo del poder3. El poder político, que reside sólo en el pueblo, y que tiene al pueblo como su única sede inalienable, cuando se atribuye a una institución, es decir, cuando el que ejerce delegadamente el poder pretende cumplirlo en nombre propio (y no como representante) se produce la inversión de su sentido en cuanto oculta la verdadera fuente del poder. Una pura apariencia, un fenómeno tapa la esencia. Es un fetiche. Es un “dios hecho de la manos de los hombres” (como indica Marx citando un texto semita). Esta inversión es la corrupción suprema de la política. El político cree ahora ser el soberano, porque pretende tener “el monopolio del poder”. Ha usurpado un lugar que no le pertenece: el ser la sede del poder soberano, que sólo ostenta el pueblo como un todo.
3. El petróleo. Los bienes existentes dentro de los límites del territorio, en el cual se ejerce la soberanía del pueblo a través de las instituciones creadas para su servicio, son patrimonio de la comunidad política en su conjunto. Aquellas que quedan bajo el régimen de propiedad común, administradas por el Estado, son bienes públicos. El petróleo, como las riquezas del subsuelo, el agua, la electricidad, etcétera, son igualmente públicos en México.
El petróleo es un producto orgánico, fruto de millones de años de la vida sobre la Tierra. Es una de las sustancias más valiosas sobre el planeta por sus múltiples usos, y no renovable. En primer lugar, simplemente quemarlo es un crimen, y las generaciones futuras nos lo demandarán. Aniquilarlo por combustión es como echar a la hoguera diamantes, oro o billetes de banco vigentes. Por ello, en segundo lugar, sería racional extraerlo en la menor medida posible, conservarlo en su mayor cantidad, y sólo consumirlo cuando se haya cumplido con una exigencia ético-política: en tanto se hayan inventado y se puedan usar sustitutos energéticos en igual cantidad procedentes de medios renovables. En tercer lugar, vender petróleo en bruto es igualmente irracional. Habría que procesar y comercializar únicamente productos del petróleo con valor agregado (plásticos, aceites, gasolina, etc.). Pueblos completamente subdesarrollados venden la pura materia prima. México no debería soportar el ser insultado por su falta de inteligencia, de tecnología y de planificación al vender un gramo de petróleo en bruto.
Pero, y en cuarto lugar, aún es más irracional y falto de ética (lo que indica la corrupción de los gobernantes) el conceder la propiedad del petróleo mismo como pago de servicios a recibir. Como si no pudieran pagarse los mejores servicios técnicos del mundo con el dinero obtenido por la venta de los productos elaborados del petróleo mismo. No hay ninguna necesidad de alienar la propiedad del petróleo. ¡Es de sentido común!
Esta suma de decisiones irracionales sólo puede explicarse por el interés egoísta que no guarda ninguna relación con la justicia ni con la ética por parte de los gobernantes. Es simplemente corrupción política, porque los que ejercen el poder institucional (senadores, diputados, presidente, gobernadores, etcétera) han olvidado que no son la sede del poder político, sino simples representantes que ejercen un poder delegado en nombre de la soberanía popular. Olvidándolo, piensan que pueden decidir todo a espaldas del pueblo. Por el contrario, una “consulta popular” se justifica plenamente en tan importante asunto. Pero no lo desean, porque se les desarmaría “todo el juego”. Si no estuvieran corrompidas las instituciones (entre ellas el Poder Legislativo) recordarían que el Estado posee sólo un ejercicio delegado, no siendo en sentido estricto soberano, y por ello debería comprender la necesidad de esa “consulta al soberano”.
Pero la corrupción no es sólo política, sino que es ético-subjetiva. El ejercicio fetichista del poder los inclina también al desorden subjetivo, al amor a la riqueza que se llamaba usura, a la apropiación indebida de bienes del pueblo que se distribuyen a discreción ilegalmente entre los “amigos” (de adentro del país y de afuera, porque al fin la burguesía es mundial).
Sería bueno llamar a una cierta cordura, a imponerse un cierto límite de la simple honestidad ciudadana, y pedir que se “consulte al pueblo” en esta situación tan grave. De lo contrario el pueblo tendrá derecho a entrar en acción. Es un “derecho absoluto”, porque a la injusticia del “estado de derecho” no se le opone sólo el “estado de excepción”, sino fundamentalmente el “estado de rebelión”, que clama al final: “¡Qué se vayan todos!”
1 Filósofo
2 Véase mi Política de la Liberación, Trotta, Madrid, 2007, § 6.4.
3 Véase la tesis 6 de mi obra 20 tesis de política, Siglo XXI, México, 2007
Enrique Dussel, es filósofo argentino radicado desde el inicio de su exilio, en 1975, en México. Es uno de los máximos exponentes del la Filosofía de la Liberación y del pensamiento latinoamericano en general. Autor de una gran cantidad de libros, su pensamiento recorre temas como: teología, política, filosofía, ética, filosofía política, estética y ontología. Ha sido critico de la posmodernidad o tardomodernidad apelando un "nuevo" momento denominado transmodernidad. Ha mantenido diálogo con filósofos como Apel, Gianni Vattimo, Jürgen Habermas, Richard Rorty, Lévinas; siendo un critico del pensamiento contemporáneo.
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2008-05-12 20:35:13-05
Geopolìtica
CRIPTOGRAFÍA EN LA PRESIDENCIA DE PORFIRIO DÍAZ (Revista -Ciencia y desarrollo-)
-Con estimación para Vendaval que de esto sabe un buen-
Por:
GUILLERMO MORALES LUNA
JOSÉ DE JESÚS ÁNGEL ÁNGEL
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La criptografía es el arte y la ciencia de enviar mensajes de manera cifrada o transformada, de tal manera que sólo un receptor autorizado – o , enterado de las claves o procesos de transformación– pueda conocer el contenido de éstos. La criptografía ha sido utilizada a lo largo de la historia en todo el mundo, de manera frecuente, y en varios ámbitos como el militar, el diplomático y el financiero.
Hasta antes de la década de 1970, los métodos utilizados para los mensajes ocultos requerían que las partes por comunicarse, compartieran claves para cifrar y descifrar, las cuales debían mantenerse en secreto, por lo que éstos se conocen como métodos simétricos o de clave secreta, y han sido tan diversos como las famosas escítalas (mensajes usados por los espartanos en el siglo V a. C, caracterizados por ocultar el significado real de un texto alterando el orden de los signos que lo conformaban), o como el sistema DES (Data Encryption Standard, sistema de clave privada que emplea una longitud de bits y que fue un estándar comercial hasta el año 2002).
En la actualidad, los métodos de cifrado son de clave pública, inventados en la década de 1970, y se utilizan ampliamente en diversas actividades como en la seguridad de las comunicaciones electrónicas (basadas en estándares de internet, de cifrado y de firma electrónica).
Por ejemplo, el Sistema de Administración Tributaria del Gobierno Federal Mexicano certifica firmas digitales en el universo de contribuyentes para que éstos puedan realizar transacciones confidenciales, autenticables, íntegras y vinculadoras, y los procedimientos involucrados están basados en protocolos criptográficos de clave pública.
La criptografía en México
Existen varios tratados y artículos de investigación sobre la historia de la criptografía en el mundo;1,2 sin embargo, en México se desconocen aún muchos aspectos de su historia, tales como los métodos y las claves utilizadas, pues pocos personajes documentaban el cifrado de textos, y las claves se perdían cuando sus propietarios abandonaban la vida pública.
Es posible identificar varias etapas históricas en las cuales la criptografía ha tenido un papel trascendente en México. De una de ellas proviene el primer documento cifrado conocido en América: una carta escrita por Hernán Cortés a su primo Francisco Núñez, representante suyo ante la Corte; en la misiva lo instruía, entre otros asuntos, para que gestionara una indemnización consistente en unas tierras en el actual estado de Michoacán, ya que la ciudad de Antequera (hoy Oaxaca) se fundó en una parte de su Marquesado.3
En la época colonial, las técnicas de cifrado fueron utilizadas, principalmente, en correspondencia oficial entre la Corona Española y los virreyes u otros funcionarios de la Nueva España2 y en el periodo que abarca desde la Guerra de Independencia y los primeros años del México Independiente seguramente fue usada alguna técnica de cifrado, pero lamentablemente, la documentación es sumamente escasa. Fue durante de la Reforma cuando se incrementó el uso de la criptografía en la telegrafía, de reciente uso en el México de esa etapa.
Porfirio Díaz llegó a cobrar relevancia en los medios militares mexicanos desde la Intervención Francesa y se convirtió en presidente de 1876 a 1880, en un primer periodo y, de 1884 a 1910 transcurrió la etapa que fue conocida como el porfiriato, durante la cual tuvo una gran actividad de inteligencia; su preparación militar lo capacitó en el uso de las técnicas y los medios con los que en esos tiempos se contaba para el control militar, de modo que fue un usuario habitual de las técnicas criptográficas clásicas en el medio militar de su tiempo.
Desde 1884, Don Rafael Chousal y Rivera Melo,4 hombre de toda su confianza, se convirtió en su secretario particular y fue el encargado de administrar y operar los esquemas criptográficos hasta 1911, y su labor consistió en escribir y descifrar los telegramas cifrados que Porfirio Díaz enviaba a los gobernadores de los estados y a diversos jefes militares.
Esquemas criptográficos de P. Díaz
Hasta la primera mitad del siglo XX era común utilizar métodos de cifrado conocidos como de sustitución simple, es decir, cada uno de los caracteres de un alfabeto se sustituye por una cadena de símbolos, y fue este el esquema utilizado por Porfirio Díaz. Aparentemente, fue Chousal quien eligió los esquemas usados, y éstos eran comunes para la época, no sólo habían sido utilizados otros similares desde los tiempos de Juárez, sino que los mismos principios pueden remontarse, incluso, a los llamados Cuadros de Polibio (historiador griego del siglo II a. C.). En ellos, los caracteres de un alfabeto se colocan en una cuadrícula y cada carácter se codificará por los índices de su posición, tomando como referentes la primera fila y la primera columna para primera fila y la primera columna para establecer coordenadas. Por ejemplo, el cuadro codifica a A con 11, a M con 32, a O con 35 y a R con 43. Por tanto el mensaje AMOR queda cifrado como 11 32 35 43.
En el Acervo Histórico de Porfirio Díaz, conservado en la Biblioteca “Francisco Xavier Clavijero”, de la Universidad Iberoamericana, campus Santa Fe, existe una nota manuscrita sobre un telegrama con la clave mostrada en las figuras 2 y 3.
Este esquema es típico de los utilizados por Chousal para generar diversas claves. De acuerdo con ella, a cada letra podía asignarse tres diferentes enteros entre el 10 y el 99. Por ejemplo a la letra “a”, al momento de cifrar le es asignado uno cualquiera de los números 21, 61, 71, a “t” uno de entre 14, 44, 54, a “c” uno de entre 23, 63, 73 y a
“r” uno de entre 11, 41, 51 y a “p” uno de entre 39, 89, 99, entonces el mensaje atacar puede cifrarse como 21,54,61,73,71,51. Al cambiar de orden los números en la primera columna se puede obtener un cuadro diferente.
Chousal desarrolló un sistema de claves que incluía algunas variantes de cifrado para comunicarse con diversos funcionarios del gobierno de Díaz, lo que se comprueba al examinar su archivo,5 en el que cada gobernador o jefe militar tenía su propio cuadro. A manera de ejemplos mostramos el cuadro diseñado para comunicarse con el General Ignacio A. Bravo, Jefe Militar del Sureste, con base en Valladolid, Yucatán, el cual era similar al ejemplo anterior, de mera sustitución simple, al que nos referiremos como el tipo Díaz-Bravo.
Sistema criptográfico Díaz-Bravo
Parte del cuadro de sustitución empleada en la correspondencia cifrada con el General Ignacio A. Bravo aparece en la tabla 2 que fue reconstruida mediante la comparación de telegramas descifrados encontrados en el Acervo, los cuales proporcionan parejas de mensajes original y cifrado texto-en-claro, texto-cifrado.
Naturalmente, para cada mensaje que debía ser cifrado se elegía de manera aleatoria uno de los códigos para cada letra; por ejemplo, la palabra MENSAJE puede ser cifrada con la cadena 88 19 75 92 11 57 39. Con este cuadro es posible descifrar una gran cantidad de telegramas de Bravo. Las letras faltantes en el cuadro no figuran en la correspondencia Díaz-Bravo, por lo que son irrelevantes en el desciframiento de ella.
En las figuras 1 y 2 presentamos una imagen del telegrama de Porfirio Díaz a Ignacio A. Bravo, fechado el 16 de junio de 1910, con número de catálogo (001857), y su correspondiente decodificación; el primero fechado el 16 de junio de 1910 y el segundo el 30 de junio del mismo año.
La historia de nuestro país, en clave
Desde el punto de vista histórico, el criptoanálisis de textos de Porfirio Díaz tiene la ventaja de descubrir su contenido, pues las claves empleadas sólo eran conocidas por sus corresponsales y éstas no subsistieron. El criptoanálisis ofrece la llave de acceso a correspondencia que ejerció un importante impacto en la sociedad de su tiempo. Desde el punto de vista tecnológico, la decodificación de mensajes cifrados es un trabajo que descubre un nuevo apoyo para la investigación histórica de nuestro país.
En este artículo sólo se han mostrado algunos esquemas que forman parte de una investigación más amplia, la cual aborda el tema de la criptografía a lo largo de la historia nacional.
Bibliografía
1. Bauer, F. L., Decrypted Secrets, Springer, Berlin, 2002.
2. Kahn, D., The Codebreakers - The Story of Secret Writing. The Macmillan Co, New York, 1967.
3. Martinez, J. L. Hernán Cortés. Fondo de Cultura Económica, México,1990.
4. Salinas, L. Inventario del Fondo Rafael Chousal (1860-1967). Guías y catálogos del Archivo Histórico de la UNAM, México, 1998.
5. Galende D., “Sistemas Criptográficos empleados en Hispanoamérica”. Revista Complutense de Historia de América, 26:57-71, Madrid, 2000.
6. Hitt, P., Manual For The Solution Of Military Ciphers 1. Aegean Park Press, Walnut Creek, Cal. USA, 1976.
7. Wrixon, F. B., Codes Ciphers & Other Cryptic & Clandestine Communication. Black Dog & Leventhal Publishers, New York, 1998.
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2008-05-12 18:46:24-05
Geopolìtica
“Yo no tengo que explicarle por qué no: usted debe explicarme por qué sí.”
Alejandro J. Borgo
Quienes nos dedicamos a difundir el pensamiento crítico estamos acostumbrados a cosas que, en circunstancias “normales”, deberían ser excepcionales: pasamos mucho tiempo contestando por qué no creemos en los platillos volantes, en Dios, en la astrología, en las medicinas alternativas y en un largo etcétera de asuntos que tienen que ver con el mundo paranormal o sobrenatural. Sostengo que —a menos que sea estrictamente necesario— es inconveniente exponer las razones por las cuales no creemos en algo, sino más bien solicitar a nuestro interlocutor/a creyente que antes nos explique por qué él/ella sí lo hace. En reuniones de familia y amigos, merodean temas pertenecientes al ámbito pseudocientífico o sobrenatural. Compartiendo una copa de buen vino, súbitamente nos encontramos con la pregunta: “¿Cuál es tu signo?”. Si uno es sincero y responde lo que piensa, contestará: “yo no creo en la astrología”. Pero ¿cuántas veces hacemos nosotros la pregunta inversa? Esto es, ¿cuántas veces respondemos: “y por qué cree usted en los signos”? No encuentro razón alguna para poner el carro delante del caballo, y esto no es un mero recetario para tertulias familiares. Es una suerte de principio epistemológico, ontológico y práctico que creyentes y no-creyentes debemos aplicar con naturalidad en nuestras conversaciones cotidianas.
¿Damos un cheque en blanco a cualquiera? ¿Compramos una casa sin verla y revisarla? En “La importancia de la investigación y la amenaza de los mitos” (Pensar, Vol. 4, Nro 1), Benjamin Radford recuerda que a los botánicos no se les pregunta si creen en la fotosíntesis, ni a los físicos si creen en la gravitación. Pero a quien descree de fábulas y mitos se le conmina permanentemente a responder por qué no les da crédito. Es el mundo del revés, donde se considera un mérito creer sin ver y casi una falta moral ver para creer.
Para sostener una discusión acerca de estos asuntos es imprescindible contextualizar lo que se dice, saber encuadrarlo, (lo que en inglés se denomina framing). Y ello requiere la capacidad de poder expresarnos en positivo, como se dice coloquialmente. Por ello, existe toda una gama de estrategias para debatir en términos equitativos y racionales, tratando de evitar falacias, eslóganes y golpes bajos. De esto saben los expertos en marketing: resalte las características por las cuales su producto se destaca, diga por qué es bueno y útil. No gaste tiempo en advertir a los consumidores sobre lo que su producto no puede hacer o no tiene.
Retomando el ejemplo de la compra de la casa citado arriba, sería mucho más útil que quien la compra sin verla o revisarla, nos explique por qué lo hace, en lugar de exponer por qué no habría que hacerlo. Traducido al ejemplo del cóctel: antes de hablar sobre los signos, por favor dígame por qué Júpiter va a influir sobre mi comportamiento. Me pregunto cuántos de aquellos newagers que adoran lo “natural”, detestan lo “artificial” y añoran los tiempos pasados, se ofrecerían para volver —por ejemplo— al siglo XVI, donde no había antibióticos, anestesia, ni electricidad, en un mundo sumido en la ignorancia, donde el universo estaba constreñido a los caprichos de un Dios o a los de sus intermediarios...
Con toda seguridad, debemos enviar un mensaje en términos alentadores, esto es, ilustrar —con ejemplos— por qué la difusión de la ciencia y el pensamiento crítico nos ofrece mejores condiciones de vida, y por qué es apropiado alejarnos de las supersticiones y de los temores inspirados en creencias dañinas. Por ello incluimos en la columna “Controversia” del presente número una suerte de manifiesto ateo escrito por Mauricio-José Schwarz, que, a mi modo de ver, puede inspirarnos para vivir con valor y esperanza, sin depender de padres sobrenaturales.
Hoy parece que quien afirma cosas extraordinarias, lo hace con total desparpajo e ignorancia, y ello se debe a que la búsqueda de la verdad se ha transformado en un valor casi desprestigiado, denostado y hasta incluso amenazado.
Ahorremos tiempo y esfuerzo. Demasiado ocupados estamos como para sobrellevar una carga que no nos pertenece.
Alejandro J. Borgo es director de la revista Pensar y director del Center for Inquiry/Argentina.
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2008-05-08 16:55:41-05
Geopolìtica
Autor: Mario Méndez Acosta
Así como hay numerosas personas que, ante evidencias muy endebles creen que la Tierra es visitada por cientos de naves extraterrestres que interactúan de diversas maneras con muchos seres humanos, también hay grupos que muestran una tendencia contraria, es decir, un escepticismo más allá de lo razonable, dirigido hacia una de las hazañas más notables de la humanidad.
La irracionalidad humana, sobre todo cuando se viste con el ropaje de la ciencia, ciertamente no conoce límites. Ya algunos neonazis de muchos países se han dedicado a tratar de negar todo el doloroso testimonio de los supervivientes, el cual debería ser suficiente prueba de la bestialidad del régimen nazi.
Alguna similitud con esto se presenta, sobre todo al acudir a las teorías conspiratorias más demenciales, como la absurda hipótesis de que la humanidad nunca llegó a la Luna, sino que todo fue una simulación costosísima y complicada, perpetrada por la Nasa, involucrando a miles de personas para hacer creer a la comunidad científica, y de paso a todo el mundo, que con el Programa Apolo, vigente entre 1968 y 1972, el hombre llegó a la Luna en seis expediciones, aparte de que otras cuatro más circunnavegaron nuestro satélite, con lo que doce astronautas caminaron en su superficie, en lo que sin duda es uno de los momentos estelares de la historia, como lo calificó el propio presidente Richard Nixon al descender los astronautas del Apolo 11.
Desde luego, para los científicos, la evidencia más clara y contundente de que el ser humano estuvo en la Luna consiste en la naturaleza de las transmisiones radiales y de telemetría recibidas desde el satélite cuando estuvieron allá los astronautas, mismas que pudieron ser ubicadas direccionalmente como provenientes de la Luna, por cientos de receptores profesionales y aficionados que colaboraron en el registro y clasificación de la información transmitida.
Los lapsos transcurridos entre el envío de los mensajes y el regreso de las señales de respuesta de todo tipo correspondían precisamente con la distancia a la que se encuentra la Luna; además, los astronautas dejaron en la superficie lunar varios instrumentos muy sensibles, que transmiten hasta hoy datos sobre el satélite, entre ellos un sismógrafo que ha mostrado cómo la Luna todavía experimenta la vibración sísmica del impacto del meteorito que dio lugar al cráterCopérnico, en el siglo XI de nuestra era, y un reflector de rayos láser, con el que se ha podido determinar la distancia exacta de la Tierra a la Luna.
Está también la evidencia de las rocas lunares, varias toneladas traídas por cada expedición, mismas que muestran características cristalográficas y geológicas consistentes con las condiciones en que fueron halladas en la Luna. Tales características son tan reveladoras que cualquier geólogo podría identificar una roca de origen lunar –y hasta marciano– sin que se le revelara su origen. No existe, pues, duda alguna de la realidad del viaje para la comunidad científica; desafortunadamente, no ocurre lo mismo con el público estadounidense en general, afectado por un alarmante nivel de analfabetismo científico.
Una de las cosas más difíciles de simular en un estudio cinematográfico de la época es el efecto de que la gravedad de la Luna es sólo un quinto de la terrestre. Los saltos y la agilidad mostrada por todos los astronautas, así como algunos experimentos realizados al arrojar objetos, demuestran que la acción se llevaba a cabo en un ambiente de gravedad muy reducida.
Entre los principales proponentes de que los viajes fueron simulados están Bill Kaysing, quien trabajó en el departamento de publicaciones técnicas de Rocketdyne, empresa aeroespacial, y Kevin Overstreet, quien mantiene una página de Internet en la cual se exhiben fotografías de la NASA que supuestamente demuestran que todo fue actuado en un foro cerrado de la Fuerza Aérea estadounidense. Para ellos, el prodigioso cohete saturno sólo llevaba a los astronautas en un vuelo suborbital, del cual descendían en el desierto de Nuevo México y de ahí eran llevados al estudio cinematográfico.
A principios del 2001, la cadena televisiva Fox de los Estados Unidos, difundió un programa documental amarillista para promover, con demasiada credulidad, el punto de vista de los revisionistas lunares. Ahí se presentó a un grupo de personas que consideran que no hubo tal viaje, entre ellos el productor de la cinta “Capricornio Uno”, estrenada en 1977, que representa supuestamente cómo se fingió el programa Apolo, además de Boris Valentinov, un cosmonauta ruso poco conocido, así como la viuda y el hijo del astronauta Gus Grissom, muerto lamentablemente en el ígneo accidente del Apolo I en 1967.
Las objeciones presentadas por estas personas, extrañamente, no se refieren a detalles fundamentales del proyecto, sino a indicios en el material fotográfico y grabaciones de televisión. Por ejemplo, se señala que en casi ninguna foto o grabación se aprecian estrellas en el cielo, que según ellos deberían verse, ya que no hay atmósfera en la Luna. Pero esto no es más que el resultado de que las fotos se tomaron en pleno día, con la apertura de las cámaras fijada para registrar una escena brillantemente iluminada, por lo que no pudo registrarse la tenue luz de las estrellas. Lo cierto es que si se hubieran visto las estrellas, ¡ello sí hubiera movido a sospechar algo raro!
Además, señalan, que las banderas colocadas por los astronautas ondean en algunas grabaciones como si hubiera brisa, pero ello se debe a la vibración de su estructura rígida, después de ser manipuladas por los astronautas, más adelante no vuelven a moverse, aunque, por otra parte, tampoco hubiera habido brisa en un estudio cerrado.
Alegan que en algunas fotos se aprecia el mismo fondo montañoso detrás de distintos objetos en primer plano. Pero eso es precisamente lo que ocurre en cualquier paisaje, donde las montañas se encuentran muchos kilómetros atrás, y es algo que jamás ocurrirá en un foro cinematográfico.
Para explicar el hecho de que su verdad no haya sido revelada en todo el mundo, lo que representaría una de las noticias más jugosas y redituables de la historia, los revisionistas lunares aseguran que existe una conspiración auspiciada por la Nasa y el gobierno estadounidense, pero para funcionar, la misma debería contar con la complicidad y el silencio de por lo menos tres mil empleados de la institución, además de unos diez mil miembros del ejército, empleados del Pentágono y varios cientos de personajes más de la Casa Blanca y el Congreso, así como de todos los servicios soviéticos de inteligencia, hoy rusos, al igual que de unos dos mil científicos espaciales y astrónomos de todo el mundo, de los cuales ninguno ha decidido decir la verdad en más de 37 años. Ésta es la parte más difícil de creer de toda esa patraña.
Pero lo preocupante en verdad es que un 14% de los estadounidenses en verdad cree que los vuelos del Apolo nunca tuvieron lugar, y fueron simulados por el gobierno de los Estados Unidos a un costo equivalente al de mandar realmente esas misiones a la Luna.
REFERENCIAS
-Scotti, James. “Fox special questions Moon landing but not its own credulities”. “Skeptical Inquirer”. Vol. 5. No. 3. Mayo de 2001.
Este artículo fue publicado originalmente en Ciencia y Desarrollo, Vol XXVIII, No. 162, México, enero-febrero 2001, páginas 92-93.
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2008-05-05 20:20:33-05
Geopolìtica
Carlos Fazio
Sobre nazis, terror y medios
México vive una aguda lucha de clases. La actual disputa en torno al petróleo, que confronta a privatizadores y nacionalistas, exhibe el problema de manera descarnada. Continuación de la pelea en torno al fraude de Estado electoral, el conflicto sobre la privatización de Petróleos Mexicanos expone, en definitiva, la disputa entre dos proyectos de nación dentro de los marcos del sistema.
La primera fase de la lucha en torno a la contrarreforma energética de Felipe Calderón desnudó la renovada alianza de clases de los partidarios del status quo y el inmovilismo; de quienes se oponen a todo cambio social y al pensamiento crítico y solidario. Y como tantas veces antes en el pasado reciente, dicha alianza clasista se movió, en términos de propaganda, en dos terrenos interrelacionados, complementarios y, en rigor, sincronizados: el de los intelectuales orgánicos del sistema y el de la guerra sucia mediática patrocinada por la derecha más reaccionaria. En ambos casos, el escenario principal de la campaña de manipulación e intoxicación propagandística fueron los medios electrónicos bajo control monopólico, Televisa en primer lugar. Sin embargo, la prensa escrita también jugó papel destacado, sobre todo en las secciones de opinión.
El blanco de la campaña fue el mismo que desde 2002, atravesando por los videoescándalos, el desafuero y la guerra sucia electoral, tiene inquieta a la oligarquía y llega hasta nuestros días: Andrés Manuel López Obrador, estigmatizado entonces como populista radical, mesías tropical, hombre autoritario y violento, y caricaturizado ahora como fascista, nazi y golpista, entre otros epítetos y trucos retóricos fuera de toda proporción y objetividad.
En el fondo, la reacción de la cúpula empresarial, la ultraderecha corrupta y sus papagayos mediáticos no se reduce a señalar a AMLO como “un peligro para México”. El verdadero temor de la plutocracia gobernante, sus aliados priístas y los intelectuales políticamente correctos guarda relación directa con el avance de la conciencia popular, las masivas acciones de la resistencia civil pacífica contra el fraude electoral y en defensa del petróleo y el surgimiento de distintas formas de organización horizontal en todo el territorio nacional.
Si a ello se le suma la existencia en México de otras fuerzas antisistémicas, algunas de carácter armado (EZLN, EPR, ERPI), se comprende por qué el régimen recurre de manera persistente a la mentira, la falsificación de la información y al terrorismo mediático, en el contexto de una guerra contrainsurgente en ascenso.
La cúspide de la campaña mediática fue un espot difundido en horarios estelares de Televisa, donde se comparó la toma de las tribunas en el Congreso por legisladores del Frente Amplio Progresista con acciones encabezadas por Adolfo Hitler, Benito Mussolini, Augusto Pinochet y Victoriano Huerta. Por medio de una secuencia de imágenes, esos anuncios pretendieron equiparar a López Obrador con los personajes mencionados, mientras se afirmaba que, con la “clausura” del Congreso, la “democracia” mexicana y la “paz” estaban en peligro. Un insulto a la inteligencia, o una forma falaz y absurda de sembrar miedo y alimentar el encono y la polarización social.
La liga directa del Partido Acción Nacional con los promotores visibles de los espots de propaganda negra (entre ellos los neofascistas Guillermo Velasco Arzac y José Antonio Ortega, quienes en colusión con el genocida presidente de Colombia, Álvaro Uribe, presentaron además una denuncia penal por “terrorismo internacional”, ante la Procuraduría General de la República, contra Lucía Morett y 15 mexicanos más, cuatro de ellos asesinados en el Sucumbíos ecuatoriano), no dejó duda sobre quién fue, en realidad, el autor intelectual de la nueva campaña de odio: el gobierno de Felipe Calderón. Una vez más, el respaldo público del Consejo Coordinador Empresarial al régimen desnudó el carácter de clase de la nueva guerra sucia mediática.
John M. Ackerman recordó en estas páginas que el fascismo es una ideología basada en la razón de Estado y la fidelidad total al jefe de la nación, que utiliza la violencia y la propaganda para generar un clima de miedo y odio contra los “diferentes”. Y no es precisamente López Obrador quien se ha acercado en los últimos años al fascismo, sino los gobiernos del PAN y los grandes monopolios privados, legitimados por la jerarquía conservadora de la Iglesia católica e intelectuales áulicos que viven de la teta del poder.
Con un agregado: igual que ocurre en Colombia, Venezuela, Ecuador, Argentina y Bolivia, el nuevo laboratorio mediático de abril en México forma parte de la “guerra de cuarta generación” impulsada por la administración Bush en el marco de su lucha contra el “terrorismo” (como sustituto del viejo fantasma comunista).
El concepto, acuñado en 1989 por William Lind del Pentágono, abarca la guerra asimétrica, la guerra sucia, el terrorismo y la propaganda, en combinación con estrategias no convencionales de combate que incluyen la cibernética, el control de población y la política.
Asociada a la guerra sicológica, la generación de matrices de opinión falsas y negativas, mediante el reciclamiento de mensajes fabricados que son difundidos en la gran prensa internacional, permite librar batallas que se resuelven sin fusiles. Las grandes unidades militares son remplazadas por pequeñas unidades mediáticas que montan grandes operaciones de prensa que buscan determinada reacción de la sociedad. Con una ventaja central: a la familia Santos del diario bogotano El Tiempo, y a Emilio Azcárraga Jean, de Televisa, no hay que engañarlos o convencerlos. Son herramientas dóciles, porque sus intereses económicos y de clase coinciden con los objetivos de las guerras sicológicas de Washington.
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